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Uno de mis sueños siempre fue el compartir todas y cada una de las reflexiones y pensamientos que viajan por mi mente y sobre todo por mi corazón. A lo largo de nuestra vida vamos fabricando nuestras propias gafas y las lentes, a través de las que vemos el mundo y analizamos cada una de esas cosas que nos pasa por la mente, por la razón. Creo que damos demasiada importancia a estas gafas y prestamos excesiva atención a ver esas cosas, a interpretarlas bajo esos cristales y olvidamos a nuestro corazón y a la máquina de sentir que tenemos en él y que nos permite percibir lo que de verdad importa.

 Se han dado cuenta que las cosas más importantes de nuestra vida pasan desapercibidas ante nosotros…Y eso que están muy cerca de nosotros. Tal vez demasiado cerca como para poder ser percibidas con los sentidos. Lo que de verdad importa no se ve, no se toca, no se escucha, no se habla y en muchas ocasiones, cuando se trata, ni se llega a comprender. Solo se puede sentir con el corazón. El corazón tiene argumentos que la razón, muchas veces, no alcanza a comprenderlos. La mente censura y desaprueba constantemente al corazón.

 Siempre he querido cambiar este mundo injusto que pisamos…Parece ser tierra firme, pero en ocasiones –en muchas- es fangoso, resbaladizo y con muchas grietas. No es fácil enfrentarse a un modelo conocido y consolidado. Todos los que conozco que se han enfrentado a él, han sufrido las consecuencias de hacerlo. Apartarse de las ideas aceptadas y romper con los paradigmas falsos del sistema es muy peligroso y se suele pagar un alto precio quien osa romperlo. Se necesita ahínco y firmeza en tus creencias para atreverse a ordenar este desorden de colores. Es necesario  constancia y persistencia para luchar por convicciones y no por conveniencias. Es fundamental ser muy tenaz en tu actitud, para llamar a las cosas por su nombre y no con eufemismos.

Nací en una pequeña localidad de la sierra de Burgos, Quintanar de la Sierra. A veces resulta difícil determinar quién y qué influye más en tu personalidad y peculiaridad a lo largo de tu vida. Pienso que el nacer allí, en la sierra de la Demanda, en un pueblo lejano y de nieves; intacto en el tiempo y costumbres tan ancestrales, moldeó un niño frío, duro, resistente y montaraz. Creo que el dónde naces marca mucho tu peculiar forma de ser; yo soy de tierra de pinares, donde surgen pinos rectos, altos y honestos; donde como el rio Arlanza, nacen aguas puras, limpias y cristalinas; en un pueblo frio, pero a la vez cálido y acogedor.

La falta de trabajo provocó que mucha gente emigráramos del pueblo. Mi familia fue una de ellas. Recuerdo como con cuatro añitos tuve que dejar, mi casa, mi colegio, mis costumbres, mis amigos, mis vecinos, mi gente…Mi leche de vaca recién ordeñada, mi pan de hogaza calentito hecho en horno de leña, mis calles frías, mis pinares, mi nieve y empezar una nueva vida en tierras entonces extrañas: Guadalajara. Adaptarse, no es fácil pero tampoco difícil si tienes claro tus objetivos y tu predisposición al trabajo, al anhelo positivo de superación, y a ponerse metas al alcance de nuestras posibilidades; claro nunca hay que renegar de nuestras raíces, más bien enaltecerlas y estar orgulloso de haber nacido en tierras de pinares.

Mis padres tuvieron tres hijos, yo soy el pequeño. Siempre he creído que al ser el hermano pequeño era el más mimado y protegido, posiblemente así haya sido. Los mimos que uno recibe en la niñez, creo que nos convierte con frecuencia en adultos muy empáticos y nos posibilita el ponernos en los zapatos de otros para comprobar sus sensaciones. Esto me posibilitó hacer nuevos amigos, aquí en tierra hostil y extraña. Mi niñez fue divertida, y gracias a la decisión valiente de mis padres por emigrar, menos fría, meno dura y muy alegre.

Uno de los momentos que más sufrimiento me produjo fue la muerte de mi madre; yo entonces aún era muy niño y ella lo era todo para mí: mi educación, mi disciplina, mi diversión, mi entretenimiento, mi defensa, mi vida. Me alimentaba la certeza de que siempre podría contar con un regazo acogedor en las batallas de la vida. Era aún dependencia, yo tan solo era un quinceañero, cuando ella murió. Con su ausencia me quedé profundamente roto en mi necesidad afectiva y tengo que reconocer que, si antes de su muerte nunca había experimentado soledad, después de ello, esa soledad afectiva sí que me ha mordido con una cierta asiduidad. Sin embargo, la soledad no ha sido la única herencia que me dejó mi madre al morir; la mejor herencia fue las ganas de luchar, de vivir, la esperanza y la fuerza para enfrentarme a lo injusto y a lo irracionalmente establecido; siendo positivo, crítico y muy luchador. Ella me dejó una manera de vivir.

Afortunadamente esos rotos de soledad fueron remendados por otros seres que se encargaron de zurcir ese descosido tan tempranero y aunque el amor, dedicación, ímpetu y salero de una madre es insustituible, la vida te acompaña de otras personas que pueden hacer muy bien de costureras y pueden remendar la perdida de los numerosos seres queridos que puedes perder a lo largo de una vida.

A lo largo de mi vida se han empeñado en que fuese un tío normal. Se empeñaron en que pensase normal, en que buscase las mismas soluciones que los demás, en que estudiase y afrontase los problemas como los demás. Se empeñaron en que imaginase lo mismo que todos, en que tuviese la misma visión, en que cometiese los mismos errores que los demás.

Quisieron que riese como los demás, que criticase como los demás, que me ganase el respeto como los demás. Quisieron que aguantase como los demás, que apreciase la belleza como los demás, que respirara y viviese como los demás. Quisieron que tuviese los mismos principios de los demás, que desease lo mismo que los demás, que disfrutase de lo mismo que disfrutaron los demás.

Insistieron en que tuviese las mismas metas que los demás, en que reaccionara como los demás y me importase lo mismo que lo de los demás. Se empeñaron en que mi pasado, mi presente y mi futuro fuese el mismo que el de los demás. Se obcecaron en que tuviese las mismas preocupaciones que los demás, que las eliminara de mi cabeza igual que los demás. Se obstinaron en decirme quien tenía que ser, cómo tenía que ser y lo que debía de hacer.

En este mundo hay muchas personas empeñadas en marcarnos el camino para convertir tus sueños-que son los suyos- en realidad. Se obstinan en que empleemos todos,  sus mismas fórmulas de vida, en que pensemos igual que ellos, en que tengamos la misma inteligencia que ellos. Piense por mí y viva por mí, esa es la clave de “su” éxito.

No tengo ningún talento especial, simplemente intento no volverme un hombre normal, pero cuesta. Hay una fuerza motriz, una inercia poderosa que me empuja a ser como los demás, a pensar como los demás y a resolver las cosas, de la misma manera que los demás. He sido educado  como los demás, me han regado como los demás, me han evaluado como los demás.

Si para ser alguien, tengo que ser como los demás; prefiero ser nadie. Y no tengo miedo a estar aquí solo; tengo miedo a que los demás no lleguen nunca a ser ellos mismos, a que no alcancen el terreno de lo autentico, a que continúen siendo como los demás; porque entonces, todo seguirá como hasta ahora.

Quizá compartiendo estas experiencias, estas ideas, estos sueños, estas reflexiones, estos deseos, estas tristezas y alegrías seamos todos un poco más diferentes y en consecuencia más libres. Espero y confío que este cariño e ilusión con que arranco el Blog se difunda por osmosis a todo aquel que se acerque a él. Os deseo un feliz viaje lleno de sorpresas e ilusiones.

¡Ojalá lo consigamos!

Antonio de Miguel Antón.

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