Todos los partidos tienen trapos sucios, me refiero a esos asuntos internos, escándalos, corrupción o problemas ocultos que los partidos políticos prefieren silenciar y manejar en privado, bajo la consigna de «los trapos sucios se lavan en casa»; aunque a menudo, por intereses muy perversos, esas prendas que revelan intimidades y miserias se hacen públicas y salen a la luz convirtiéndose en noticia, en investigación judicial o en un tema de debate público.
Lo que define a cada partido político es como lava esa suciedad y cómo se comporta cuando llega a la lavandería del partido. El caso de la guerra interna de Vox y Revuelta que han pasado de aliados a enemigos y esa filtración de estos audios, junto a la denuncia del hasta ahora jefe de redes sociales por una presunta agresión sexual a un menor, ha definido como funciona la lavadora y secadora del partido de Santiago Abascal. dejando al descubierto cómo se las juegan ahí, como se gobierna y lidera, como son las tensiones y las luchas de poder, y como son los trabajos de fontanería en Vox.
Al presidente de Vox nunca le gustaron las Nuevas Generaciones ni las juventudes de los partidos (a pesar de haber sido presidente de ellas en el País Vasco, tal vez por ello, las conoce bien); pero sus ideólogos de cabecera consiguieron convencerle de la importancia de ellas y de usarlos más allá de para hacer ruido. Ese extremismo de la cantera de Vox conducido a su gusto y antojo y manera sería toda una fortaleza porque son batallón en redes sociales y encima consiguen desarrollar un gran ejercicio de acciones y movilización tirando de creatividad; además de estar siempre en el día a día como boinas verdes -le dijeron- que podían jugar otro papel muy importante en la estrategia electoral. El plan hubiese sido perfecto si Revuelta se hubiese dejado manipular y sus líderes hubiesen sido obedientes, pero no fue así. Para Abascal han atacado su autoridad y han sido desleales, infieles, irresponsables e indisciplinados por el mero hecho de discrepar y tener pensamiento propio.
Vox no tiene nada de autenticidad ni de extraordinario, no es sobresaliente ni singular, no es exclusivo. No queda solo Vox; Vox es más de lo mismo, es un partido más del Sistema, es partitocracia en estado puro, con sus fontaneros también, como todos los partidos, que se encargan de limpiar todo lo que pueda dañar la imagen del partido y sobre todo del líder. Les conozco muy bien por experiencia vivida propia y por haberles hecho frente en más de una ocasión; son muy opacos, carentes de honradez y sinceridad, sin valores éticos. Son muy sumisos y obedientes, con una ambición desmedida por medrar y una ganas desmesuradas de agradar al líder y a las élites del partido. Están puestos ahí para que no se tuerza ni se desvíe nadie del carril que ha marcado el gran líder; hacen el trabajo sucio y asqueroso que no se puede mostrar ni sentir que se hace. Son muy opacos y manejan información muy comprometedora que gestionan sin miramientos, sin moralidad, sin sentimientos y sin humanidad. Reprimen la disidencia interna y cualquier pensamiento diferente, para de esa forma asegurar la continuidad de su amado líder en el poder del partido. Sus actividades son en muchas ocasiones apaños, “ñapas” y manejos turbios muy espurios que no pueden salir nunca a la luz mientras se están fraguando. El puesto que desempeñan no lo paga el partido, normalmente tienen un cargo en la administración, o son asesores o responsables de alguno de los chiringuitos públicos del partido. Vox es un partido como los demás, con unos protocolos flojos, con unos órganos de garantías poco garantista, sin equidad e imparcialidad, en el que priorizan -como los demás- el no dañar la imagen del partido; con unos canales de denuncia -como los demás- poco accesibles o poco confiables, con sanciones débiles, y con una cultura interna que no prioriza la protección real a víctimas y para ello clausura, archiva, silencia, esconde o posterga el lavado de esos trapos sucios.
Todos los que hemos salido del cortijo de Abascal hemos salido decepcionados, hartos y saturados del uso que dan a esta lavadora, de la poca transparencia y de como se enfrentan a los problemas, tienen el don de estropear más las cosas en vez de arreglar un problema o conflicto. Todos los que nos fuimos, nos fuimos cansados de ver como Abascal convertía día día un partido joven en el negocio del patriotismo, tratando de hacer crecer estructuras pantallas y paralelas como sindicatos, fundaciones y numerosas asociaciones satélite. Toda una red de organizaciones que trabajan en distintos ámbitos, áreas, temas y territorios de España para difundir y extender las ideas y argumentario de Vox y de esa forma retroalimentar todas sus acciones con apariencia de movimientos surgidos espontáneamente de la sociedad civil. Son sus tentáculos y se camuflan con nombres aparentemente sociales y apolíticos, pero en realidad son la voz y la herramienta del partido en las calles. Organizan actos y manifestaciones o recogidas de firmas pero no son independientes. Algunos de sus líderes, presidentes o referentes son miembros vinculados al Vox de Abascal con cargo orgánico e incluso institucional.
Abascal y los suyos no se mancharon de barro durante la DANA, ni ayudó a limpiar garajes, casas, calles y parques, ni repartió fregonas, guantes o detergente, ni socorrió a ningún vecino, ni ha estado en las manifestaciones exigiendo dignidad, justicia y la verdad. Les dio igual los sufrimientos de los valencianos y su dolor. Uso a Revuelta como tapadera. Él solo quiso hacer caja y esparcir su populismo para que, en lugar de señalar a todos los responsables, Mazón incluido, recogiese frutos en forma de votos con el “peor va el país mejor para nosotros”. ¡Menudo patriotismo barato. Menudo amor a España!
Debemos de exigir a los partidos -a todos- que hagan limpieza en sus estructuras, en sus códigos, en sus protocolos y que en vez de tenerlos guardados en un cajón o en en el disco duro del ordenador, los enseñen y los apliquen: la teoría no sirve sin la práctica, sin la ejemplaridad. O se limpia la política de corruptos, de mangantes, de acosadores, y ladrones, o se entrará en una crisis democrática sin precedentes y de la Política con mayúsculas.