por AntonioDeMiguelAnton | Abr 16, 2026 | Opinión, Política, Varios
En una emergencia, la diferencia entre el caos y una respuesta eficaz está en el método, la coordin
ación y el respeto al criterio técnico. Cuando llega una crisis de suministros básicos esta tiene la capacidad de paralizar una sociedad en cuestión de horas. Solo, por ejemplo, cuando el agua deja de salir por el grifo se revela, sin filtros ni propaganda, cómo funciona realmente un Ayuntamiento y los políticos responsables.
Ante el corte de abastecimiento de agua prolongado que vivimos el martes pasado en Guadalajara y en municipios de alrededor pudimos comprobar en nuestras carnes cómo funcionó el nuestro, el de Guadalajara y su capacidad de reacción. Esa capacidad no es una opción técnica, es una responsabilidad y una obligación moral. El silencio de las tuberías no fue el único que obtuvimos, también el de falta de información clara, detallada y continua sobre plazos y previsiones. Ese silencio revela una verdad muy incómoda.
En un corte de agua, los gobiernos locales operan bajo una presión extrema. Primero, está la responsabilidad institucional: dar una respuesta eficaz y transparente. En una crisis de este tipo, la rendición de cuentas es vital. Los ayuntamientos deben coordinarse con las empresas suministradoras, las confederaciones hidrográficas, las mancomunidades y las autoridades sanitarias, pero sobre todo, deben comunicar con claridad. La Ley 17/2015 establece el derecho a la información en emergencias; el ciudadano no puede ser el último en saber cuándo volverá el servicio. Durante estos episodios, el comportamiento de la gente suele ser ejemplar y resiliente, mientras los ayuntamientos se ven obligados a comunicar con todos los recursos que tienen a su alcance, que no son pocos, para calmar la incertidumbre y para estar cercanos a ellos atendiendo sus necesidades con un compromiso ético fuerte y veraz; y para ello hay que elaborar un plan de emergencia y posteriormente un informe postcrisis para no repetir errores de comunicación y de logística principalmente, pero la inercia política suele diluir la urgencia y estos asuntos en cuanto el suministro se restablece. Los ayuntamientos deben de mostrar una buena combinación de suficiencia técnica y compromiso ético cuando el problema ya está encima.
Con el restablecimiento del flujo de agua no termina la labor municipal. En segundo lugar la verdadera tarea es construir sistemas más robustos y concienciar a la población, aprendiendo de cada avería o periodo de escasez. No se trata solo de arreglar la rotura, sino de reponer la confianza de la comunidad en un sistema que debe ser infalible. Hacemos lo que podemos, pero la realidad de unas infraestructuras obsoletas es abrumadora. La próxima crisis de suministro no avisará; nuestra obligación es que no nos encuentre, otra vez, con las manos vacías y los grifos secos.
Lo que vivimos estos días no es solo una avería; es el resultado de una falta de previsión alarmante y una gestión que parece haber sido sobrepasada por los acontecimientos. Mientras el Ayuntamiento de Guadalajara se limitó a enviar avisos genéricos, a pocos kilómetros tuvimos ejemplos de cómo se gestiona un servicio esencial con seriedad y eficiencia. Los ciudadanos pagamos por una gestión eficiente, no por excusas. Es inaceptable que en una capital de provincia se tarde tanto en cargar unos depósitos que claramente son insuficientes para la población actual. La falta de información detallada y continua, sumada a la ausencia de un dispositivo de abastecimiento alternativo (cisternas) digno, demuestra que el Ayuntamiento de Guadalajara no tiene un plan de emergencia a la altura de sus vecinos.
No puede ser que Cabanillas nos adelante en capacidad de almacenamiento por falta de previsión en la capital. No puede ser que nos falte transparencia e información minuto a minuto sobre la calidad del agua y la presión. Los ciudadanos no podemos ser los últimos de la fila mientras los municipios vecinos demuestran que, con voluntad, inversión y trabajo, el impacto del corte se pudo haber evitado o, al menos, mitigado con dignidad. Guadalajara merece una gestión de primera, no un servicio de tercera.
por AntonioDeMiguelAnton | Abr 12, 2026 | Opinión, Política, Varios, Viajes
He pasado la Semana Santa en Londres; y más allá de la niebla, la lluvia, el Big Ben, de sus cabinas rojas, el té, el British Museum y sus icónicos autobuses de dos pisos; esta ciudad es un museo viviente llena de historia y de muchas curiosidades. Una de ellas es el búnker secreto o como se conoce allí: las Churchill War Rooms. Bajo las calles del barrio de Westminster, a solo unos pasos de Downing Street, se encuentra el centro neurálgico desde donde se dirigió la resistencia británica. Es una cápsula del tiempo que cuando la guerra terminó en agosto de 1945, las luces se apagaron y las puertas se cerraron prácticamente quedó todo tal cual estaban. Al abrirse como museo décadas después, se encontraron objetos intactos, desde terrones de azúcar escondidos en un cajón hasta mapas con los mismos pines que marcaban el movimiento de las tropas el último día. El olor de la historia aún se respira en cada una de las salas de ese bunker en la que todavía se puede percibir un ligero aroma a tabaco, rastro de los inseparables puros Romeo y Julieta que Churchill fumaba mientras tomaba decisiones críticas; y si te fijas bien en la silla de madera de la sala del gabinete, verás marcas de arañazos en los brazos, reflejo del estrés y los nervios de Churchill durante las reuniones más tensas de la guerra.
Cuando regresas a España y a Guadalajara de esa burbuja en el tiempo y de conocer más a esos políticos de garra que lideraron momentos mundiales muy difíciles y vuelves a la gramática política española y a ese diccionario tosco y grosero de zafiedades y chabacanerías que usan nuestros políticos te das cuenta en lo que ha degenerado nuestra política. Desayunamos día a día con escenas que parecen extraídas de una mala función de vodevil o de una charla de bar a altas horas de la madrugada. Un ejemplo de ello es el último episodio, protagonizado por Santiago Abascal al calificar de «Juanma Moruno» al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, o el enésimo episodio de Víctor Morejón, concejal de Vox delegado de Turismo, casco histórico, comercio y mercados en Guadalajara, quien ha decidido con ese video nefasto que la mejor forma de gestionar la ciudad es jactarse de pasarse las leyes «por el forro de lo que rima con emisiones».
Lo que subyace en las palabras de Morejón es la exhibición impúdica de la mediocridad. Cuando un representante público carece de argumentos técnicos, jurídicos o políticos para debatir una ordenanza, recurre a la zafiedad. El «porque yo lo digo» y el lenguaje soez se convierten en el refugio de quien no tiene nada más que ofrecer que ruido. Estos insultos y exabruptos son la representación gráfica de una estrategia tan arriesgada como cínica que corren el riesgo de dinamitar los puentes con los que son tus socios de gobierno o lo serán en un futuro muy cercano en el caso de Abascal. El uso de estos calificativos degradantes busca una rentabilidad inmediata en el mercado de la atención. En un ecosistema digital saturado, la propuesta política pausada no vende; el mote humillante, sí. Al etiquetar al adversario (que no enemigo) con un apodo ridículo, se intenta despojarle de su autoridad institucional para reducirlo a una caricatura.
Sin embargo, esta táctica encierra una paradoja peligrosa. ¿Cómo se explica al votante que el «moruno» de hoy es el socio «fiable y constitucionalista» de mañana? La respuesta es el cinismo político. Se fía todo a la desmemoria del electorado, bajo la premisa de que el poder es un bálsamo que todo lo cura y que una foto firmando un acuerdo de coalición borra meses de barro dialéctico. Estamos ante el fenómeno del «socio-enemigo». En un sistema de bloques donde nadie suma por sí solo, los partidos compiten ferozmente por el mismo espacio electoral. La estrategia consiste en castigar al aliado potencial para evitar la fuga de votos o para forzarle a endurecer su discurso. El problema es que esta erosión constante de la cortesía parlamentaria tiene consecuencias reales. Cuando un líder nacional insulta a un presidente autonómico, no solo ataca a la persona, sino a la institución que representa; será difícil construir proyectos comunes cuando la base de la relación es la desconfianza y el agravio personal.
El insulto que nace en el estrado se traslada a la calle y los ciudadanos adoptan el lenguaje de sus líderes, crispando la convivencia ciudadana. La política española ha pasado de ser el arte de lo posible a ser el arte de la provocación. Si el insulto fácil se convierte en la única herramienta de diferenciación, la gobernabilidad queda hipotecada. En el oscuro catálogo de la historia política, pocos nombres resuenan con la autoridad de Sir Winston Churchill. Sin embargo, al observar el panorama actual, el contraste no solo es evidente, es desolador. Mientras Churchill utilizaba la palabra para movilizar una civilización, gran parte de la clase política contemporánea parece atrapada en un ciclo infinito de mediocridad, cortoplacismo y marketing de redes sociales. Churchill no necesitaba «focus groups» ni asesores de imagen para dictar su destino. Su oratoria, forjada en la honestidad brutal de «sangre, sudor y lágrimas», buscaba elevar el espíritu de una nación hacia un propósito común.
Hoy, la política se ha reducido a la gestión de la indignación, sus discursos ya no buscan la verdad, sino el «clic», sustituyendo la visión de Estado por eslóganes vacíos diseñados para no ofender a nadie y, por ende, no inspirar a nadie. El político actual suele operar con la mirada en la encuesta de la próxima semana. La audacia de Churchill para no negociar con lo inaceptable ha sido reemplazada por una «pusilanimidad» que prioriza la supervivencia personal sobre el interés nacional. Churchill entendía que «el éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo». No temía a la impopularidad si esta era el precio de la convicción. En cambio, la política moderna habita en el pánico constante al error. Se gobierna para el escrutinio frívolo de las plataformas digitales, lo que resulta en liderazgos reactivos, incapaces de tomar decisiones difíciles por miedo a ser «cancelados».
La mediocridad actual no es falta de inteligencia, sino falta de carácter. Churchill era un hombre de contradicciones, pero sobre todo, era un hombre de principios innegociables en torno a la libertad individual y el libre mercado. Mientras los líderes de hoy sigan prefiriendo el aplauso fácil a la verdad incómoda, el fantasma de Churchill seguirá recordándonos que la democracia no solo requiere votos, sino gigantes dispuestos a defenderla.
La política, cuando se vacía de contenido intelectual, se rellena con este tipo de chabacanería. No se busca convencer al ciudadano con una gestión eficiente, sino buscar el aplauso fácil del sector más visceral mediante el desprecio absoluto a las reglas del juego que todos, por ley, debemos acatar.
¿Con qué autoridad moral puede este Ayuntamiento de Guadalajara exigir a un vecino que pague una multa de tráfico o que cumpla con sus obligaciones tributarias? Si el propio responsable de Comercio, Turismo y el Casco Histórico presume de incumplir las normas que su propia administración debe velar, el mensaje es devastador: la ley es opcional si tienes un micrófono y un cargo. Este «cuñadismo» institucionalizado degrada las instituciones. No es una cuestión de ideología —se puede estar a favor o en contra de las ZBE—, es una cuestión de decoro. Un concejal que utiliza expresiones propias de un patio de colegio o de barra de bar para referirse a sus obligaciones legales no solo se descalifica a sí mismo, sino que arrastra en su caída la dignidad del consistorio al que representa. Al final, cuando la política se convierte en un concurso de ver quién es más maleducado, la gestión real queda en un segundo plano. La zafiedad de Morejón no es más que el reflejo de esta política del espejo roto y del espectáculo del canibalismo.
por AntonioDeMiguelAnton | Mar 30, 2026 | Opinión, Política, Varios
Lo que ocurrió en esta última edición de la Korrika el pasado fin de semana en Bilbao no fue una celebración de la lengua vasca; fue un ejercicio de adoctrinamiento sistémico y el uso de niños para blanquear el terrorismo que debería hacer saltar todas las alarmas en una sociedad democrática. Ver a niños de corta edad portando con naturalidad fotografías de asesinos sanguinarios de ETA no es cultura, es una corrupción moral de la infancia dirigida por quienes buscan perpetuar el odio bajo el disfraz del folclore.
La iniciativa consiste en una carrera de relevos multitudinaria que ha recorrido Euskadi, Navarra y País Vasco francés del 19 al 29 de marzo y que ha finalizado su edición de 2026 en la mañana de este domingo ante el Ayuntamiento de Bilbao tras completar 2.175 kilómetros de forma ininterrumpida día y noche. Al frente de la korrika siempre marcha una persona diferente portando el ‘Lekuko’ o testigo. Este pasa de mano en mano de unos portadores a otros que habitualmente son personas relevantes de la sociedad vasca y representantes de diferentes asociaciones que buscan concienciar y recaudar fondos para el uso y promoción del euskera.
Es de una bajeza moral infinita utilizar a menores de edad para rehabilitar la imagen de terroristas. La participación de niños en actos de exaltación del terrorismo no es accidental: es una estrategia diseñada para que las nuevas generaciones vean a los asesinos de personas como Tomás Caballero no como criminales, sino como «héroes» o víctimas de un conflicto¿Quién agita el fantasma del terrorismo? ¿Por qué? ¿Quien coloca a niños camisetas con los asesinos de ETA?
Este adoctrinamiento infantil en las calles de Navarra y el País Vasco es la prueba fehaciente de un sistema educativo y social intoxicado. ¿Dónde está la Fiscalía de Menores ante esta utilización flagrante? No se puede permitir que se use a la infancia como escudo humano para normalizar lo inaceptable.
El blanqueo de ETA, impulsado por pactos políticos que priorizan el poder sobre la dignidad, ha anestesiado a parte de la sociedad. La Korrika se ha convertido en un escaparate del delito de enaltecimiento del terrorismo, donde se vitorea a quienes apretaron el gatillo mientras se humilla, una vez más, a las víctimas que aún lloran a sus muertos. No se puede normalizar que los asesinos salgan a la calle sin mostrar arrepentimiento alguno. No podemos asistir impasibles a manipulaciones mediáticas destinadas a cambiar nuestra historia mediante presiones y mentiras. No podemos mirar como si nada pasara ante el constante enaltecimiento de los asesinos de ETA. Es indecente e intolerable que se subvencionen con dinero público eventos donde se exhiben camisetas y pancartas de presos etarras frente a la mirada de escolares. No es libertad de expresión; es la exaltación de la violencia más cruel.
La sociedad española no puede quedarse de brazos cruzados ante este espectáculo denigrante. No se puede «normalizar» el mal. La memoria, la dignidad y la justicia exigen que se depuren responsabilidades legales contra quienes organizan y permiten que los niños sean los portavoces de la barbarie. Una lengua no puede ser la excusa para envenenar el alma de los más pequeños.
por AntonioDeMiguelAnton | Mar 19, 2026 | Naturaleza, Opinión, Política, Varios
Cada parque en Guadalajara ha de tener un objetivo y un mantenimiento diferente. El parque Cuatro Estaciones, que por cierto no es un parque, es un jardín, y siempre se llamó el Depósito de las Aguas, es un ejemplo claro del papel fundamental que tienen que jugar estos espacios verdes para potenciar la conservación de la biodiversidad de nuestra ciudad.
Este pequeño rincón tan singular de Guadalajara es una joya porque tiene un gran valor histórico, cultural, natural y social. Yo lo descubrí gracias a Juan José Calvo Sánchez, el alma de DALMA y un valiente defensor de nuestro patrimonio natural, que no tiene pelos en la lengua, dice las verdades del barquero y canta las cuarenta a quien haga falta con tal de proteger nuestros tesoros naturales. Todo comenzó hace años, en una visita a ese parque donde además de conocer a este amante, cuidador y divulgador de nuestra biodiversidad guadalajareña descubrí que el jardín junto con el solar de la antigua AVICU eran parte del territorio de una pareja de Autillos europeos (Otus scops). Desde que conocí este mágico sitio y su situación me di cuenta que debíamos empezar a elaborar proyectos donde la naturaleza tuviese cabida en la ciudad para ofrecer la oportunidad de dar a conocer y relacionarnos con dichos espacios, concienciándonos de la necesidad de protegerlos.
El autillo es el búho más pequeño y el más escurridizo. Es un animal nocturno, con grandes movimientos migratorios, pasan los inviernos en el África subsahariana y los veranos en Europa. Cada ejemplar de autillo puede llegar a cazar más de tres ratones cada noche, además de multitud de mosquitos, abejorros y muchos otros insectos. Durante uno de los años de seguimiento, hubo una cantidad mucho más numerosa de autillos en la zona referida. Esta especie ha visto reducida su población en España un 32,4 % entre 2006 y 2018, según el proyecto NOCTUA de SEO/BirdLife. De ahí la importancia que tiene mantener los territorios ocupados actualmente.
El jardín, -me contó Juanjo- “junto con la captación de agua, conducción, depósito y casa del guarda, forman parte del proyecto redactado en 1877 para la traída de aguas desde los manantiales de las Fuentes de Torija a la ciudad de Guadalajara. A pesar de su importancia histórica natural, al conservarse todavía algunos de los ejemplares de árboles plantados entonces y también social, ya que muchos han sido los ciudadanos que han mantenido relación con él porque vivían cerca, celebraban junto a la familia determinadas fiestas, e incluso algún colectivo, como el de los bomberos, hacían una fiesta el día de su patrón o patrona”.
A pesar de todo lo indicado – me contó Juanjo-, no solamente no se conocía su nuevo nombre, sino que el abandono al que está sometido es “total” (salvo el mínimo mantenimiento). Tres han sido las corporaciones con las que Juanjo ha intentado mantener un trabajo coordinado, “¡ha sido imposible!”,me dice con tristeza.
El 29-04-2022 se aprobó por unanimidad del Pleno Municipal, del que yo mismo formaba parte como portavoz del Grupo VOX, una Declaración Institucional que reconocía los valores referidos anteriormente y se establecían las medidas necesarias para potenciar su biodiversidad, sirviendo de ejemplo para otras zonas verdes de la ciudad, y también se establecían visitas guiadas y se ponía a disposición de instituciones, de centros educativos y muy especialmente del estamento universitario como lugar donde impartir clases prácticas, y como un espacio donde poder desarrollar actividades de investigación, que redundasen en beneficio de los fines divulgativos y de conservación de nuestro patrimonio natural, cultural y patrimonial.
El 30-04-2024 se solicitó desde la asociación de Juanjo la Declaración de Bien de Interés Cultural a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. El 15-01-2025 remitieron un nuevo escrito a la Viceconsejera de Cultura y Deportes, ya que no tenían ninguna noticia del primero. A día de hoy me dice Juanjo que tampoco han obtenido respuesta de ella y avanza la construcción de cerca de 450 viviendas que se levantarán en el solar de la antigua fábrica de Avicu, contiguo al jardín; a pesar que desde el grupo AIKE, único grupo que votó en contra en el Pleno, y que asegura que los accesos a la parcela no cumplen con el POM y que en el proyecto se ignora el emblemático parque de las Cuatro Estaciones.
Este Pleno del Ayuntamiento de Guadalajara dio luz verde al proyecto de la urbanizadora High Innovation Green SL (Hercesa) a pesar de que supondrá problemas de movilidad en la zona; y sin escuchar lo que tenía que decir del asunto uno de los mayores conocedores de la zona y de este parque como es Juan José y su asociación; supeditando todo a los intereses comerciales del agente urbanizador, en contra de los intereses de los guadalajareños y dejando a un lado el jardín más emblemático de la ciudad junto con la Concordia, un jardín del siglo XIX que poco o nada les interesa, ya que conociendo la importancia de la zona para los autillos, -porque así lo hizo saber Juanjo-, lo primero que hicieron, durante el inicio del proyecto urbanizador ha sido destruir los mejores hábitats y en uno estaba el árbol donde criaban, sin obtener de nadie ninguna alternativa.
Yo no voy a cerrar este asunto del Jardín del Depósito de las Aguas y voy a estar muy pendiente de lo que allí se hace; se lo debo a Juan José por su dedicación altruista, por su delicadeza, por su paciencia y solvencia con nuestros tesoros naturales. Estas personas, como Juanjo, que han estado su vida entera defendiendo y protegiendo como activistas y divulgadores nuestra naturaleza juegan un papel crucial en la salvaguarda de la biodiversidad. Son guardianes de la vida y el futuro. Han arriesgando en muchas ocasiones su salud y se han enfrentado a peligros y a ser etiquetados y estigmatizados debido a su labor.
Juanjo es un ejemplo y un nexo directo entre la sociedad guadalajareña y la naturaleza; es de ese tipo de personas que promueven un modelo de vida en armonía con el entorno, demostrando que cuidar la naturaleza es equivalente a cuidar a las personas. Guadalajara debería reconocer su labor y su ayuda a fomentar una cultura de respeto ambiental, educando sobre la importancia de conservar nuestro entorno para garantizar nuestra propia salud y bienestar. Admirar y proteger a quienes cuidan la naturaleza es un reconocimiento a su labor de amor y dedicación para preservar nuestra querida Guadalajara.
por AntonioDeMiguelAnton | Mar 13, 2026 | Opinión, Política, Varios
Acabo de salir del estreno de Torrente Presidente y les aseguro que esta película que aparece en un momento de máxima tensión social y de una España polarizada dará mucho que hablar. Esta parodia incomodará y alegrará tanto a la izquierda como a la derecha y provocará una fuerte reacción y enfrentamiento en redes sociales.
Aunque la realidad política suele superar a la ficción, la película no deja títere con cabeza: sitúa a un personaje “chungo”, “anormal” y “esperpéntico” en la carrera por la Moncloa, critica al Gobierno, incluye referencias a escándalos recientes del PSOE e ironiza sobre el «Gobierno inclusivo» de Pedro Sánchez; además Santiago Segura nos sitúa en medio del conflicto entre la cultura «woke» y la ola reaccionaria y no solo es una comedia de brocha gorda; es un termómetro de la salud democrática española en la que Santiago Segura, como el mismo dice, es “equidistante” y reparte para todos los lados.
La película además de parodiar todo el espectro ideológico y político español disecciona y hace una radiografía del modelo de la estructura de poder en la España de 2026, marcada por vicios heredados como el nuevo caciquismo. Torrente resucita la figura del «señorito» que controla votos y favores, mostrando una clase política que utiliza las instituciones como su cortijo privado. Además muestra como el modelo de éxito en los partidos es el falderismo y la dependencia servil al líder, más preocupados por mantener el cargo que por el bien común. La trama sugiere que la clase política actual ha perdido toda dignidad, convirtiéndose en una comparsa de intereses personales y amiguismos.
Segura aprovecha el personaje para subrayar cómo la decadencia moral se ha normalizado. El hecho de que un tipo como Torrente pueda aspirar a la presidencia es la crítica definitiva a un sistema que premia el ruido sobre la gestión. Al rodearse de personajes aún más ineptos que él, la película dispara contra la mediocridad instalada en los escaños del Congreso, en esos aplaudidores profesionales que forman las comparsas ideológicas de los partidos políticos.
El desenlace de Torrente Presidente no es solo un chiste de mal gusto; es una bofetada de realidad. Al final, el ascenso de Torrente a la Moncloa no ocurre por sus méritos, sino por la absoluta degradación de sus rivales. La película nos deja una lectura desoladora en una política dominada por el “siwanismo” y el servilismo al líder, el más «cafre» acaba pareciendo el más auténtico.
Santiago Segura ha rodeado a Torrente de rostros que representan esa España del titular fácil y la lealtad de conveniencia. Su «Gabinete del Caos» con conocidos polemistas de tertulias nocturnas e influencers de choque aparecen como asesores de imagen de Torrente, evidenciando que en 2026 el algoritmo importa más que el programa electoral. Su “Vieja Guardia” son antiguos cargos políticos de la era del «ladrillazo» y el caciquismo clásico que comen en lujosos reservados de restaurantes de lujo. La fama y el mal menor también aparecen en escena a través de varios poderosos, deportistas y artistas que quieren su momento de gloria y van buscando un hueco o un favor, retratando ese falderismo de quienes se arriman al sol que más calienta, sin importar la ética del líder.
La música y el simbolismo es tremendo, es una metáfora visual de la corrupción política institucionalizada, que refuerza y apela a ese instinto primario, cañí y más básico del votante. Las letras de las canciones son muy mordaces e incluyen rimas sobre «sobres», «puertas giratorias» y «enchufismo», normalizando la delincuencia política como algo rítmico y aceptable. Y sobre todo subraya los momentos de mayor sumisión de sus secuaces, que bailan al son de Torrente mientras el país se desmorona de fondo.
El desenlace de Torrente Presidente es una bofetada de realidad. Su ascenso no ocurre por sus méritos, sino por la absoluta degradación de sus rivales. En un sistema dominado por el servilismo y el «amiguismo de barra de bar», el más cafre acaba pareciendo el más auténtico. Al encenderse las luces, la pregunta queda en el aire: ¿Es Torrente un intruso o es, sencillamente, el espejo de lo que hemos permitido que sea nuestra política?
Estoy completamente seguro de que Torrente Presidente arrasará con todo y batirá todas las marcas de dinero recaudado y de espectadores. Su estrategia de promoción nada habitual ha provocado que se hablase más de ella, y a pesar de no haber tenido trailer oficial y de no haber sido mostrada a prensa y crítica antes del estreno, para evitar spoilers, será una de las películas más vistas de todos los tiempos.