por AntonioDeMiguelAnton | Oct 2, 2026 | Montaña, Naturaleza, Opinión, Política
Siempre he seguido con profunda atención lo que sucede en Francia. Pasé mis veranos en un campamento juvenil en plenos Alpes franceses. Haber vivido la convivencia directa con jóvenes parisinos de la banlieue de Thiais en los Alpes, me permitió, ademas de hacer un montón de amigos parisinos, entender la realidad francesa desde una perspectiva muy rica y cercana, lejos de los puros tópicos y estereotipos, que los había, los hay y muchos.
Mis veranos cobraban un sentido completamente diferente en aquel campamento juvenil; al principio, el contraste era total: yo venía de aquella Guadalajara de los años 70 y ellos traían consigo la energía desbordante, el ritmo rápido y los códigos propios de un municipio del cinturón sur parisino.
Sin embargo, los Alpes igualaban todo, bastaban un par de rutas de senderismo cuesta arriba, por esos “picazos”, para que las diferencias se borraran por completo. Entre el esfuerzo de las marchas, las risas y mis intentos por seguirles el ritmo cuando hablaban francés, la distancia inicial desaparecía. Mi momento favorito era el atardecer, cuando nos sentábamos juntos a compartir el goûter, esas meriendas francesas tan deliciosas; ahí, la intensidad de los jóvenes parisinos de la banlieue se transformaba en pura complicidad, risas y confidencias. Convivir con ellos en pleno corazón alpino me demostró que, sin importar de dónde vengamos, la juventud comparte siempre el mismo idioma cuando se trata de hacer amigos y vivir una aventura en un medio natural.
Francia, hoy se enfrenta a una ola de disturbios urbanos y protestas estudiantiles impulsadas por el descontento ante recortes presupuestarios en la educación pública y un plan gubernamental para reducir la deuda pública. La situación ha dejado cerca de dos mil detenidos, la parálisis de más de mil centros educativos y una creciente tensión política de cara a las elecciones presidenciales de 2027. Al otro lado de los Pirineos, en España, la situación no es idéntica, pero tampoco tan diferente como algunos podrían pensar. El uso político de estas movilizaciones son muy similares; allí buscan canalizar y usar el descontento social para obtener ventajas electorales y legislativas. La izquierda radical (LFI) respalda las protestas estudiantiles para unificar el descontento contra los recortes del Gobierno; el Ejecutivo aprovecha los disturbios para centrar el debate en la seguridad y tachar a la oposición de irresponsable; y la derecha de Le Pen utiliza el caos callejero para reforzar su agenda de «ley y orden» de cara a las elecciones presidenciales. En España, es la izquierda y el Gobierno quien instrumentaliza la presión de las manifestaciones por la vivienda.
Uno de los aspectos más preocupantes de la situación francesa es la dificultad para encontrar acuerdos políticos duraderos. La fragmentación parlamentaria, los enfrentamientos entre partidos y las tensiones presupuestarias complican la capacidad del Gobierno para sacar adelante sus decisiones. España tampoco es ajena a esta realidad, la aritmética parlamentaria obliga a negociar constantemente y convierte muchas decisiones importantes en una compleja partida de equilibrios políticos. Negociar es consustancial a una democracia plural, el problema aparece cuando la ciudadanía percibe que las disputas entre partidos ocupan más espacio que las soluciones a los problemas reales.
Mientras se discuten estrategias, pactos y cálculos electorales, miles de familias siguen afrontando dificultades para pagar el alquiler, hacer frente a la cesta de la compra o mantener su nivel de vida. La distancia entre las prioridades, los intereses y las conveniencias de la política institucional y las preocupaciones cotidianas puede convertirse en un combustible peligroso para la desconfianza. Francia tiene una larga tradición de movilizaciones, huelgas y protestas. Los chalecos amarillos, las grandes manifestaciones contra la reforma de las pensiones y las recientes movilizaciones muestran que la calle continúa siendo un espacio central de expresión política. España también conoce ese fenómeno. El 15-M, las mareas ciudadanas, las protestas contra los desahucios y las movilizaciones por la vivienda son ejemplos de cómo el descontento puede articularse fuera de los partidos tradicionales.
La protesta es un derecho fundamental y una herramienta legítima de participación democrática, pero conviene no confundir la movilización pacífica con actos violentos y con la politización y uso electoral y partidista de nuestros problemas. Quizá uno de los paralelismos más inquietantes entre Francia y España se encuentre en las expectativas de los jóvenes. Durante décadas, la promesa de progreso estuvo asociada al esfuerzo, la formación y el trabajo. Estudiar, encontrar un empleo y ahorrar permitía imaginar una vida independiente. Hoy, esa secuencia ya no garantiza el mismo resultado. Los salarios, el precio de la vivienda, la precariedad de determinados empleos y la incertidumbre económica han alterado las expectativas de muchos jóvenes.
No se trata de idealizar el pasado ni de afirmar que las generaciones anteriores no tuvimos dificultades; se trata de reconocer que una sociedad que no consigue ofrecer perspectivas razonables a quienes comienzan su vida adulta corre el riesgo de debilitar su propio contrato social. Cuando una parte de la juventud siente que el futuro está reservado a quienes ya disponen de recursos, la frustración puede transformarse en apatía, desconfianza o movilización. Cada país tiene sus propias instituciones, tradiciones de protesta, equilibrios políticos y problemas económicos; pero existe una relación inevitable entre el descontento social y los disturbios. Una democracia no se mide únicamente por su capacidad para celebrar elecciones, sino también por su capacidad para escuchar, corregir errores y mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. Gobernar no consiste solo en resistir hasta las próximas elecciones; también implica asumir responsabilidades, explicar decisiones difíciles y demostrar que la política puede cambiar la realidad.
El verdadero peligro no es la protesta, sino la desconexión. Francia nos muestra un escenario de tensión que invita a la reflexión. España comparte algunas de las condiciones que alimentan ese descontento, aunque no esté atravesando exactamente la misma situación. La lección que se puede extraer no es que ambos países estén condenados a vivir una crisis idéntica, es que ningún sistema político debería dar por garantizada la paciencia de sus ciudadanos. Porque el mayor problema de una democracia no es que sus ciudadanos salgan a la calle para exigir cambios; el problema empieza cuando demasiadas personas dejan de creer en sus instituciones, desconfían es sus políticos y en que sus problemas les importan de verdad.
por AntonioDeMiguelAnton | Sep 25, 2025 | Montaña, Naturaleza, Opinión, Política
Decía Ortega y Gasset que “la política es la ciencia de la mentira”; y aunque hay políticos sinceros que intentan no mentir, y que no se pude generalizar porque siempre que lo haces cometes un error; si es cierto que el recurso de mentir es muy usado en Política. La cuestión y el problema es que las consecuencias y efectos de la mentira de los políticos farsantes suelen tener consecuencias graves en la vida de los ciudadanos.
Lo que resulta más alarmante es que hayamos normalizado sus mentiras y aunque en el fondo nos molesta que nos tomen por tontos, toleramos en exceso sus mentiras, sobre todo cuando el ambiente es bueno, pues somos mas permisivos y tolerantes cuando las cosas van bien y tenemos menos manga ancha cuando las cosas van mal.
Nos mienten con mucha desfachatez por muchas razones, una de ellas es la de cautivar la votante, otra para desacreditar rivales, otra para parecer lo que no se es y otras para ocultar sus errores. Según Maquiavelo, la misión principal del gobernante no era la de servir como modelo ético a sus súbditos, sino la de “mantenerse en el poder” y para ello decía que “había que seguir el ejemplo del zorro: saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y en disimular, mintiendo y rompiendo sus promesas si va en contra de tus intereses”. Estos engaños, decía Maquiavelo, “no solo eran legítimos, sino también fáciles de acometer, ya que los hombres son tan simples y están tan centrados en las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar”.
Desde el ámbito político se intenta en demasiadas ocasiones confundir a la ciudadanía para que no distinga entre lo que es verdad y lo que es mentira. Lo estamos viendo estos días en como nos intentan vender unos curriculums y una formación que es falsa; y lo hacen para simular que están sobradamente preparados y solventes para el puesto que desempeñan o desempeñarán, cuando la realidad es que la profesión de la política está atrayendo y absorbiendo a profesionales que no tienen el mínimo nivel o la cualificación necesaria para el puesto que desarrollan.
También lo vemos en el asunto de Palestina y en la banalización del término “genocidio” y el empleo de su uso como arma política y propagandística. Se miente en este asunto para estigmatizar a Israel, deslegitimar cualquier acción de defensa y presentar al agresor, a quien declaró la guerra, como víctima absoluta. Es cierto que el número de víctimas en Gaza es elevado y que cada vida perdida importa; pero se miente mucho en este asunto para ideologizar y moldear la opinión pública, especialmente en Europa, donde la sensibilidad hacia Israel ya estaba erosionada. Y lo peor de todo, se usa como cortina de humo para tapar las propias vergüenzas, convirtiendo ese lenguaje sesgado y esas mentiras en un arma más del conflicto, quizá la más poderosa en un mundo saturado de imágenes, posts, tuits y titulares.
Otro de los ámbitos en los que nos mienten es en el tema de los incendios forestales. Lo estamos viendo aquí en Guadalajara y en la mala gestión del incendio forestal del Pico del Lobo, en Peñalba de la Sierra. Desde un inició se ocultó la verdad de lo sucedido y de las condiciones de desactivación de los retenes más cercanos. Si se hubiese hecho una actuación rápida y con celeridad por parte de los retenes de Montes Claros y de El Vado seguramente todo se hubiera quedado en conato. Los medios aéreos tardaron mucho en actuar. La toma de decisiones y coordinación fue muy lenta. Las pistas y viales están abandonadas y no se garantiza el acceso al incendio de los medios de extinción terrestres de forma rápida y segura. No hay depósitos de extinción y tienen que ir los helicópteros a cargar al río a demasiado tiempo y distancia. Las zonas de discontinuidad (áreas cortafuegos, fajas perimetrales…) están abandonadas y sucias. Ya estamos en el quinto día de combate contra las llamas y sigue el nivel 1 y aumentado los efectivos y medios ya que han empeorado las condiciones de trabajo por el ascenso de las temperaturas y la bajada de humedad. !Cuantos recursos, tiempo, monte, biodiversidad, preocupaciones y dinero se podría haber ahorrado si las cosas se hubieran hecho bien desde el principio. ¿Habrá un análisis evaluación y reflexión de todo ello?¿Se tomarán medidas correctoras?. Los guadalajareños queremos conocer la verdad de lo ocurrido desde un inicio y cómo se tomaron las decisiones y se coordinó y gestionó todo por parte del Gobierno de la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha y del Plan Infocam también desde el principio. Espero que aprendan de lo sucedido y corrijan errores graves que han cometido, aunque nunca lo reconocerán ni nos contarán toda la verdad.
La verdad debería ser indispensable y necesaria en el mundo político y en el periodístico; sin verdad no hay libertad y con mentira solo hay contaminación y envenenamiento. En los tiempos que corren la mentira se ha convertido en una necesidad para obtener triunfo político y poder; deberíamos apreciar y buscar más la verdad.
por AntonioDeMiguelAnton | Sep 1, 2025 | Montaña, Naturaleza, Opinión, Política
Semanas después del fuego, en cuanto empiece a llover, surgirá una capa herbácea que permitirá germinar más vida; pero los bosques tardarán unas cuantas décadas en volver a aparecer. Afortunadamente muchas especies mediterráneas, como encinas, quejigos, coscojas, carrascas, alcornoques, robles, ciertas especies de pinos o matorrales como brezos y retamas, están adaptadas al fuego, y podrán rebrotar o regenerarse de forma natural y de una forma relativamente rápida.
Además del mundo vegetal hay otras víctimas y muchas otras cosas que recuperar cuando el fuego se ha extinguido. El fuego deja una transformación de biodiversidad, de suelo y de deterioro para todo el mundo rural de dimensiones incalculables. Los daños que producen estos incendios son descomunales: las casas, los accesos, las pistas forestales, los caminos, las carreteras, los cobertizos, las cuadras, la maquinaria, los paneles, las colmenas, los almacenes de resinas, el ganado, los suministros y conducciones de agua, de luz, las captaciones de agua, las balsas o presas de abastecimiento y tantas otras infraestructuras que deben ser reparadas o sustituidas de forma inmediata para que las poblaciones puedan tener los servicios básicos.
Nuestro mundo rural nos proporciona y nos abastece de muchos recursos que a día de hoy no se ponen en valor y que deberíamos compensarles por proveernos al conjunto de los ciudadanos. Hablo de esos servicios ecosistémicos que los montes nos dan, como las materias primas renovables, la calidad del aire, la absorción del CO2, el freno a la desertificación, la creación y sujeción de suelos, la infiltración y el aprovisionamiento de agua, de albergue y de soporte de biodiversidad entre tantos otros.
Nuestro montes y nuestros bosques necesitan ser limpiados y desbrozados; es fundamental los trabajos de carácter preventivo a lo largo del año para la prevención y defensa ante estos atroces incendios forestales; y aunque si es cierto que esté permitido limpiarlo legalmente, es muy complejo hacerlo por los particulares que viven en sus pueblos; hay demasiada burocracia para cosas tan sencillas como podar o retirar un árbol caído, pues tienes que ir a la web del Ministerio de Transición Ecológica, solicitar el impreso, compulsarlo en la Diputación, pedir cita en el Ayuntamiento, hacer un curso de Ecorresiliencia Cinegética y descargar Javascript, entre otras cosas; fácil no es ¿verdad?
Nací en un pueblo de la Sierra de la Demanda burgalesa rodeado de un pinar que forma parte del mayor pinar de Europa situado entre Soria y Burgos; el 95% de mi pueblo es monte y de él hemos vivido durante siglos. Allí se mantiene una costumbre medieval denominada la Suerte de Pinos. Se sortea su aprovechamiento y los vecinos lo cuidamos porque aún forma parte de nuestra subsistencia y se mantiene vivo el vínculo entre el hombre y su tierra, y por consiguiente la protección de ésta frente a las inclemencias de la naturaleza, el abandono, y finalmente el fuego. Cada 1 de mayo se sortea entre los vecinos el aprovechamiento de los pinos secos y desarraigados, y cada 1 de octubre el de los pinos verdes. Y a quien le toque no sólo aprovecha el monte, sino que lo cuida también. Ya no produce tanto como hace siglos, cuando a lo mejor una familia vivía de los pinos. Tal vez esta medida y la cultura y educación del fuego que tenemos, ha hecho que llevemos sin ver un fuego potente por allí unas décadas… Y cuando este asoma, toda la comarca sale a su sofoco en un gesto de solidaridad tan grande que debería recibir un premio al respaldo y a la fraternidad entre pueblos vecinos.
por AntonioDeMiguelAnton | Feb 3, 2025 | Montaña, Naturaleza, Opinión
Estoy seguro que las nevadas caídas en la Sierra de Guadalajara hace unos días ha invitado a salir a pisar nieve a muchos guadalajareños. Sin duda la nieve es ideal para darse un paseo, para desconectar; parece que todo duerme en invierno y que todo es más lento cuando está presente la nieve, pero en realidad es un momento de mucho movimiento, de mucha renovación y de mucha reflexión. La nieve es el terreno de juego ideal para jugar en y con ella y para hacer un sinfín de fotografías para las redes sociales y guardar recuerdos muy divertidos dignos de conservar para la posteridad; pero también tiene un componente peligroso que puede dejarnos un mal recuerdo o alguna secuela no tan agradable también para nuestro futuro. Puede parecer que la nieve, en una ruta de senderismo o en una actividad de montaña, es la mejor amiga pero también puede convertirse en la peor enemiga. Puede ser una gran aventura o una fatal desventura.
Salir a la nieve en la montaña es una cosa seria y no podemos hacerlo al tuntún, sin material, sin conocer la zona donde vamos, sin el calzado y la ropa adecuada, sin la experiencia suficiente para la actividad a realizar, sin previsión, sin móvil, sin compañía y sin sentido común. La negligencia, en muchas ocasiones es la causa de necesitar ser rescatados o de accidentes graves; a veces sobreestimamos nuestras posibilidades y nos metemos donde no debemos.
He pasado el fin de semana por la montaña y por la nieve. Como cada año por esta época suelo ver excursionistas que vienen a la nieve sin conocer estos riesgos y sin tener en cuenta que hay que tener mucho cuidado cuando se juntan el sol, la nieve y la montaña, pues son sinónimo de riesgos añadidos, de desprendimientos de cornisas y de aludes. Las laderas contrarias a las que sopla el viento y las orientadas hacia el sol son las que tienen mayor riesgo de aludes. Las rupturas de las cornisas, en estos ventisqueros, es una de las principales causas de estos movimientos de nieve. En ocasiones, no somos conscientes de que estamos en zonas peligrosas, en los que la fractura de una placa puede ocurrir bajo tus pies y engullirte para sus adentros. ¡Lo inconscientes que podemos llegar a ser solo por ir a curiosear o por hacer una foto para luego twitearla!
La montaña siempre me permitió conocerme mejor; pasamos demasiado tiempo mirando a los demás y no nos vemos a nosotros mismos. Allí estás solo con tus silencios, con tus miedos, con tus problemas, con sus soluciones. La montaña tiene el poder de cambiarnos profundamente para bien como personas y lo hace desde edades muy tempranas; tiene la capacidad de fortalecer nuestra resistencia y de desarrollar nuestra inteligencia emocional y social. La montaña ha sido para mi un desafío constante, me ha permitido crecer en lo personal y me ha forjado con esos valores que ofrece como el respeto, la cooperación, el trabajo en equipo, la autodisciplina, el orden, el autodominio, la responsabilidad social, el espíritu de sacrificio, la lealtad, la generosidad, la modestia y sobre todo el espíritu de renuncia y saber decir no, porque cuando las condiciones no son óptimas debemos renunciar a la actividad prevista o cambiar de planes y optar por una retirada a tiempo para evitar males mayores. La montaña siempre estará ahí.
Siempre he considerado muy importante y valioso tener cierta formación y conocimientos de la montaña antes de adentrarse en ella: del equipamiento y su uso, de la nieve y su comportamiento, de orientación y sus recursos, de comunicación y su tecnología, de tiempo y climatología; y de conducción en nieve, que aunque estés acostumbrado a hacerlo no te lo puedes tomar a la ligera, pero tampoco conducir con miedo porque te hará tomar decisiones bruscas; y conducir en nieve requiere de suavidad, delicadeza y previsión. Debemos utilizar un equipamiento adecuado a la época y a la actividad que vamos a realizar; con la nieve no tenemos que olvidar las tres “g”: gorro, guantes y gafas y por supuesto crema protectora. Debemos comunicar a dónde y por dónde vamos, y por supuesto evitar acudir a la montaña solo. La planificación y la revisión de la ruta es muy importante y debemos hacerlo con antelación y adecuarla a nuestro nivel físico y técnico. Y también es necesario llevar una batería para el móvil por si acaso nos hiciese falta. Nuestra mochila debería ir cargada de lo que yo llamo “porsis”, por si hace frio, por si hace calor, por si llueve, por si cae la noche, por si tengo que hacer una cura, por si te pierdes, por si tengo hambre… Es muy importante tener claro cual es el equipo que debes meter en la mochila, porque en determinadas situaciones, disponer de ciertos materiales podría hacerte más fácil y llevadero el imprevisto, la emergencia y las circunstancias sobrevenidas.
por AntonioDeMiguelAnton | Jun 20, 2016 | Espiritualidad, Montaña
Hacía tiempo que no escribía pero hoy tengo esa necesidad…Aquello que te hace feliz, que aprecias y te preocupa has de dedicarle un tiempo; merece la pena luchar por lo que quieres, por lo que consideras importante, si no lo haces entonces no eres merecedor de lo que deseas.
La vida me ha enseñado a desdramatizarlo todo; el mundo no se acaba tras un divorcio le decía el otro día a un amigo. Lo que ocurre es que en esos momentos tan preñados de incertidumbre, de sentimientos encontrados, de tantas reacciones y emociones de todo tipo, uno no puede relativizar y darse cuenta de que nada es permanente en esta vida y todo se transforma… Es normal, en ese instante-debacle que es un divorcio, todo nos parece el fin del mundo y más cuando te atrapa la culpa; entonces estás perdido: deja de gustarte lo que haces, lo ves malo, te torturas, sufres, te alejas de todo y te sientes incapaz de vivir más allá de tu pena, mas allá de tus circunstancias. Es natural, es la fase de duelo en la que muchos no somos capaces de arrancar nuevos proyectos…Cada uno necesita su tiempo…Eso sí, no inviertas más que lo justo y comienza a vivir intensamente y a regalarte nuevas oportunidades, te arrepentirás mas adelante del tiempo perdido en ello.
Cuando ya estés en disposición de descubrir que la vida continúa como una sucesión de instantes. Cuando percibas que eso que te parecía el final, ya no lo es… Cuando seas capaz de entender que tras esa tormenta con truenos de culpabilidad y rayos de pena, el sol vuelve a salir; entonces verás las cosas de otra manera y estarás en disposición de ver, sentir y pensar lo que hoy yo veo y siento desde la cima de esta cumbre ya conquistada y ya pisada…Me suele pasar a menudo: tener la sensación de que otros no han podido disfrutar de los paisajes y perspectivas que se ven desde esta montaña ya escalada.
En estos días he regalado flores, ilusión, amor, esperanza…Me gusta hacerlo por donde quiera que voy, no sabes si algún día volverás a pasar por el mismo sitio. Si algo he aprendido en esta vida es que recoges lo que das y que esos momentos tan duros como los que vive mi amigo ahora, suelen ser la antesala de lo que mejor está por llegar en tu vida.
A veces en la distancia está el acercamiento…La teoría de los contrarios suele cumplirse en estos asuntos, ya les hablaré un día de ella… Además la amistad amarilla no conoce de distancias o tiempos.
por AntonioDeMiguelAnton | Sep 30, 2014 | Montaña, Opinión
Me sorprende ver lo acostumbrada que está la gente a complicarse la vida. Se la complica tanto que a veces, entre dos opciones, rechazan aquella que es más sencilla. Yo no sé si lo hacen por desconfianza, porque lo simple no puede ser la mejor opción o porque esa condición de sufridor reporta algún beneficio, incluso felicidad.
Tal vez la persona que más me llama la atención en este sentido, es…
…Bueno, mejor os lo cuento después de acercaros la mejor pregunta, que me ha perseguido a lo largo de toda la semana:
¿Crees que merece la pena?
…Y regresando al tema del sufrimiento; esta persona es una amiga que siempre anda buscando el problema en vez de la solución. Es increíble su capacidad para generar preocupaciones. Es sorprendente su capacidad de ver inconvenientes. Es impresionante, como en cada una de los momentos de su vida se crea obstáculos para saltar o impedimentos con los que trabajar. Está tan habituada a ponerse trabas a todo, que cuando no las hay, le resulta sospechosa la situación y eso, por supuesto, también le genera pesadumbre. ¿Nos habrán enseñado a fijarnos, a vivir y a elegir lo malo antes que lo bueno?
Hablo de esto con ella y se enfada muchísimo, le incomoda, se pone a la defensiva y se muestra como víctima, debido a su alta capacidad de sentir, de compadecerse ante el dolor ajeno o de irritarse ante lo injusto. ¿No se dará cuenta que los demás también pasamos por momentos complicados, por situaciones críticas, por ocasiones tristes y dolorosas? ¿No verá que también respiramos, sentimos, nos emocionamos, padecemos, lloramos, nos preocupamos, nos solidarizamos, afrontamos dificultades, sufrimos penurias y tenemos nuestros propios calvarios? Por eso somos felices, porque hemos probado la esencia del sufrimiento.
Cada vez que estoy cerca de una de estas personas, noto que pierdo algo. ¡Cuánto torturan con sus angustias! ¡Qué sencillas que son las cosas y qué complicadas se vuelven en manos de algunos! Si la felicidad es la clave de la vida, la sencillez es la puerta que deja fuera a los infelices. Pero ¿cuándo perdemos esa naturalidad? ¿Por qué perdemos esa espontaneidad? ¿Cuándo nos desprendemos de esa simplicidad, de esa inocencia? ¿Qué hacemos mal?
Creo que esto también hay que aprenderlo y educarlo. Enseñamos a leer, la tabla de multiplicar, otro idioma, a montar en bici, a dibujar, a usar un ordenador, a conducir… pero no enseñamos a ser sencillos, no aprendemos a emocionarnos, a ser felices, a sufrir. Ya decía Aristóteles que educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto.
¿Se imaginan que en esas pruebas de acceso a maestro, en las que ha salido a la luz el bajísimo nivel general que hay y la miseria intelectual en la que nos movemos, hubiese también pruebas de emociones? Creo que nos sorprenderíamos también de la penuria y escasez emocional en la que vivimos. Espero y deseo que se planteen reformar los planes de estudio de Magisterio; falta hace. Una de las cosas que me llama la atención, en este asunto, es la oposición y negación de los sindicatos a estas pruebas del concurso-oposición de maestros. ¿Intereses?
Volviendo al asunto de merecer la pena. Esta pregunta es una constante en el mundo del alpinismo. En cada paso hacia la cima, en cada inspiración, en cada avance de cordada, en cada mirada a la cumbre, en cada situación adversa, aparece la pregunta. ¿Ese sufrimiento reporta algo? ¿Merece la Pena?
Ya desde niño, cuando escalaba una montaña y hacia cumbre; tenía la sensación que allí no había llegado nadie, que era el primero en pisar ese suelo, en tener esa vista. Aún hoy sigue pasándome; hay momentos, en los que siento que si no escalo la montaña, jamás podré disfrutar del paisaje que me ofrece la cima. Pienso también que llego a lugares, donde otros aún no han llegado, a picos que aún no han alcanzado, a visiones que aún no han tomado. Llegarán, claro, llegarán; al menos eso creo, pues vienen a su ritmo. Os confieso también, que esa espera, en ocasiones, me crea mucha soledad y me agota.
Los ochomiles se alcanzaron sufriendo mucho, de esa forma se consiguen las grandes gestas, con verdaderos sacrificios humanos. Mario escribía un día que “estamos poco habituados a insistir en las cosas” y “que nos damos por vencidos fácilmente”. Es cierto, enseguida pensamos que no hay nada que hacer, que no se puede abrir y equipar vía, que no se pueden cambiar las cosas, que fue y será así toda la vida. ¿Por qué no insistimos más? ¿Tendremos que aprender y enseñar esto también? Tal vez.
No podemos darnos por vencidos tan fácilmente, no podemos descuidarnos; sobre todo en una escalada de una montaña como esta, de dimensiones gigantescas de empinadas aristas, de paredes verticales y de un trayecto tan peligroso. Todos dependemos de todos y de nuestro propio esfuerzo, de nuestra honestidad, de nuestra preparación, de nuestras condiciones técnicas y físicas, de tener un buen material, de organización y de experiencia en altitud. Sabemos que el alpinismo es peligroso y que tiene muchos riesgos: grietas inestables, frio insoportable, altitud demoledora… pero juntos podemos. Vamos para arriba, la cumbre nos espera.