La caída de Maduro y el plan de EE.UU. para Venezuela ha marcado un punto de inflexión no solo en la historia de venezolana, sino también en la historia mundial. Trump ha transformado el sistema de relaciones internacionales en una pura relación de poder y en unas relaciones en la que la fuerza determinará el devenir de muchos países. Se abren nuevos tiempos para un nuevo mundo. Es un tiempo nuevo de negociaciones desiguales, de presiones de los poderosos sobre los que lo son menos. Es un tiempo nuevo de marcar el poderío económico y militar; un tiempo de conquistar territorios que son importantes geoestratégicamente. Este nuevo amanecer del nuevo orden mundial se sujeta en los pilares de la fuerza y en la intervención militar o arancelaria. En el derecho internacional impera la ley del más fuerte. Todos los fuertes tienen su territorio y todos quieren expandirse. Los chinos tienen el este de Asia, los rusos tienen Eurasia y Europa del Este y los Estados Unidos tienen otra zona que abarca desde Groenlandia a Chile.
Todos aquellos que hablan de que Trump se saltó el derecho internacional yo les preguntaría ¿qué Derecho internacional ha protegido a los venezolanos ante las barbaries y ante las afrentas totalitarias del régimen chavista durante estos últimos 30 años? Ninguno, ninguna ley internacional les ha protegido ante los ataques a los derechos humanos que está habiendo allí; ninguna medida cautelar tuvo relevancia. Nadie logró que alguien realizara algo efectivo por los venezolanos y detuviera las matanzas y las privaciones de libertad para con ellos. No ha servido casi ninguna norma internacional en relación con Venezuela, esa es la verdad. ¡Les dejaron solos a los venezolanos! ¡Muriendo de hambre a causa de esa dictadura y obligando a salir corriendo del país en desplazamientos forzosos a más de 8 millones de ellos! El derecho internacional nació para ordenar y regular comportamientos globales, si deja de hacerlo ya no sirve para nada y hay que recurrir a otras soluciones realmente efectivas.
Hoy le ha tocado a Venezuela, mañana posiblemente a Cuba o a Méjico o tal vez a Irán. En Venezuela, como dice mi amiga periodista venezolana, de la que ni tan siquiera puedo decir el nombre por miedo a represalias del sistema chavista, “todo ha sucedido como no lo imaginó casi nadie; la caída de Nicolás Maduro ha sido un momento impactante en la historia contemporánea, pero todo sigue, la vida sigue aquí”. En Venezuela, me dice, “se viven diferentes perspectivas de una realidad. A una semana de la caída de Nicolás Maduro Moros, en Venezuela se percibe un clima de incertidumbre, o como lo dirían los propios venezolanos, se vive el día a día con una tensa calma. Reina el miedo, las celebraciones de quienes son adversos al régimen, se realizaron puertas adentro, sin demostraciones públicas, debido el temor a ser detenidos y encarcelados”.
Allí tras la madrugada del 3 de enero, las compras nerviosas de alimentos perecederos y no perecederos, de combustible, y en algunos casos de agua potable para el consumo humano, fueron las protagonistas, los supermercados quedaron vacíos tras el vuelco de la población a esas compras que buscaban una falsa seguridad dentro de la misma situación. Durante esos primeros días me dice mi amiga “sólo se observaban miembros de los cuerpos de seguridad patrullando, y en algunos lugares, según manifestaron personas en diversos puntos de Venezuela, los llamados colectivos, también salieron a las calles a dar sus rondas de vigilancia”. La Vicepresidente Delcy Rodríguez, conjuntamente con quienes encabezan el régimen, Padrino López, Diosdado Cabello Y Jorge Rodriguez, llamaron a los adeptos al gobierno, a concentraciones de calles y en las diferentes Plazas Bolívar del país, según ellos, con esta acción, para presionar al Gobierno de los Estados Unidos y exigirles la liberación de Nicolás Maduro Moros y de Cilia Flores.
“Los días pasan – me dice mi amiga en conversación telefónica y whatsapps con los que nos comunicamos desde entonces- y en Venezuela, las personas viven realidades alternas y diferentes dentro del mismo país; por un lado están los llamados enchufados o quienes han obtenido beneficios económicos por parte del régimen, estos aún disfrutan de las opulencias, de buena alimentación, de un buen estatus, viven como si nada les afectara, disfrutando de las mieles obtenidas de manera poco lícitas; a la par están los empresarios, algunos que para no perder los que les ha costado sudor y trabajo, han tenido que ceder y a regañadientes, tuvieron que alinearse a las políticas gubernamentales para sobrevivir. Hay quienes mantienen un estatus, trabajadores del campo, dueños de finca, de la tierra, quienes trabajan a diario, pero han tenido que ceder a las estrategias gubernamentales para mantenerse. Aquí nombramos también a los empleados de empresas privadas y públicas, los primeros mejores pagados, quizá con un poder adquisitivo más decente; los segundos, sobreviviendo lo caótico del sector público, con un sueldo que no alcanza para nada, esperando mes a mes la asignación de un bono, que a veces se da a discreción del jefe, para mejorar su ingreso.”
En esta lista de realidades que viven, me dice mia amiga, que “no podemos dejar por fuera a los pensionados y jubilados, quienes no perciben un beneficio digno por sus años de trabajo y edad, solo sobreviven a la vejez, a enfermedades o al día a día, pidiendo a Dios que les alcance el tiempo y los años para ver el cambio, ya que pasan hambre, necesidades y así sobrellevando sus últimos años. Aquí, voy a mencionar –me dice con voz triste y ánimo decaído por experiencia propia vivida- también a los desempleados, que fuimos expulsados de nuestras labores en la administración pública por adversar al régimen y no prestarse para actividades antiéticas”.
En su caso con más de 20 años trabajando para una empresa del sector público de comunicación, y tuvo que que ausentarse de su puesto de trabajo por motivos de salud de un familiar directo que estaba muy grave, y pese a presentar todos sus argumentos y tener el amparo de ley, sus derechos humanos y laborales fueron violentados, le fue suspendido su salario, beneficios y bonificaciones, y sin previo aviso, fue destituida de su cargo, quedando en el aire, sin jubilación, sin salario, sin nada. Hasta la fecha el miedo la invadió y no pudo reclamar nada a las autoridades por miedo a represalias, y hoy en día, sobrevive con su familiar delicado de salud, desempleada y luchando a diario por el pan. Esta persona llora todos los días, se siente triste, su realidad es tan diferente a la de muchas personas, a veces no tiene nada para comer, solo toma agua y vive de la fe en que todo cambiará, su mundo se achica en su mente y pude a Dios que las cosas cambien para poder solicitar lo justo y lo trabajado durante tantos años. Así como este caso, en Venezuela hay muchos, por eso hay diferentes perspectivas de una realidad o diferentes realidades en un mismo país.
Es triste tener que callar, llorar, es triste tener que vivir encerrados en un mismo país porque económicamente todo sigue estando igual. El venezolano solo tiene fe, y después de tantos procesos, tras casi 30 años viviendo y sobreviviendo a la dictadura, la población sólo espera que se de el verdadero cambio, sin hacer mucho ruido, cada uno desde su trinchera, celebrando con voz baja cada acción que los acerque a la libertad. Y lo hacen con impotencia, cautela y mucho silencio.
Allí los periodistas, me dice mi amiga periodista, exigen en modo avión libertad de prensa y de expresión en una dictadura disfrazada de democracia. Tras tantos años manipulados por los dirigentes que democráticamente llegaron a las instituciones públicas, con un gobierno que perdió el respeto a la majestad de las instituciones públicas, civiles, militares, tras la máscara de la ideología, con la intención de dominar y obligar a las masas a un solo tubo de pensamiento centralizado, se logró dañar la dignidad y se compró la vida de algunas personas en la sociedad. Se vive, me dice ella, “una época censurada, coartada de libertad de expresión y opinión, con lineamientos dictatoriales, en un país visualizado como democrático, pero manejado desde el socialismo y el comunismo, que tuvo como resultado el sesgo de las necesidades de la población, en sus derechos básicos, en las desmejoras de los trabajadores y ciudadanos con sueldos indignos. Son 26 años en los que se han cerrado medios escritos y audiovisuales, en los que periodistas y comunicadores han sido atacados, encarcelados, intimidados y reprimidos, en fin, la libertad de prensa venezolana, está pendiendo de un hilo, y sólo los valientes han sobrevivido con mucho cuidado. Con esta estrategia, el régimen, cerró las puertas a los verdaderos medios de prensa en el país, quebró plataformas, medios impresos, televisivos y radiales, y afianzó, el supuesto y no profesional medio socialista conformado por influencers arrastrados, por comunicadores y pseudoperiodistas no profesionales, comprados, sin criterio, sin libertad de expresión; ellos se convirtieron en verdugos de la comunicación, de la expresión de quienes persiguen la verdad, los medios creados en revolución, son serviles y esconden la realidad del Venezolano.”
En estos nuevos tiempos -me dice mi amiga al terminar la conversación de ayer- “se esperan cambios, aún se mantiene la fe y esperanza”; y resalta con tono de esperanza “que quienes comunican hoy, se han mantenido, desde el 2002, pasando por el 2010, 2014, 2017 hasta el 2026, con la censura del estado, con las agresiones vividas, con una información silenciada que los obliga a cuidar las palabras y los lleva a actuar con inteligencia emocional y profesional”.
En Venezuela o se recupera la democracia absoluta o se pierde todo. Trump y los suyos tienen que terminar la tarea y no dejar a Venezuela a medias. La transición en Venezuela será lenta y estará llena de riesgos pero tiene que terminarse. Sin duda esa democratización venezolana dependerá del consenso entre élites, la contención de la violencia y el papel decisivo de las Fuerzas Armadas. En este tipo de transiciones es importante el comportamiento no solo de la élite política y militar,sino también del comportamiento y actitud de la sociedad civil. El chavismo intentará engañar a todos, pero no se lo hemos de permitir.