Lo que ocurrió en esta última edición de la Korrika el pasado fin de semana en Bilbao no fue una celebración de la lengua vasca; fue un ejercicio de adoctrinamiento sistémico y el uso de niños para blanquear el terrorismo que debería hacer saltar todas las alarmas en una sociedad democrática. Ver a niños de corta edad portando con naturalidad fotografías de asesinos sanguinarios de ETA no es cultura, es una corrupción moral de la infancia dirigida por quienes buscan perpetuar el odio bajo el disfraz del folclore.

La iniciativa consiste en una carrera de relevos multitudinaria que ha recorrido Euskadi, Navarra y País Vasco francés del 19 al 29 de marzo y que ha finalizado su edición de 2026 en la mañana de este domingo ante el Ayuntamiento de Bilbao tras completar 2.175 kilómetros de forma ininterrumpida día y noche. Al frente de la korrika siempre marcha una persona diferente portando el ‘Lekuko’ o testigo. Este pasa de mano en mano de unos portadores a otros que habitualmente son personas relevantes de la sociedad vasca y representantes de diferentes asociaciones que buscan concienciar y recaudar fondos para el uso y promoción del euskera.

Es de una bajeza moral infinita utilizar a menores de edad para rehabilitar la imagen de terroristas. La participación de niños en actos de exaltación del terrorismo no es accidental: es una estrategia diseñada para que las nuevas generaciones vean a los asesinos de personas como Tomás Caballero no como criminales, sino como «héroes» o víctimas de un conflicto¿Quién agita el fantasma del terrorismo? ¿Por qué? ¿Quien coloca a niños camisetas con los asesinos de ETA?

Este adoctrinamiento infantil en las calles de Navarra y el País Vasco es la prueba fehaciente de un sistema educativo y social intoxicado. ¿Dónde está la Fiscalía de Menores ante esta utilización flagrante? No se puede permitir que se use a la infancia como escudo humano para normalizar lo inaceptable.

El blanqueo de ETA, impulsado por pactos políticos que priorizan el poder sobre la dignidad, ha anestesiado a parte de la sociedad. La Korrika se ha convertido en un escaparate del delito de enaltecimiento del terrorismo, donde se vitorea a quienes apretaron el gatillo mientras se humilla, una vez más, a las víctimas que aún lloran a sus muertos. No se puede normalizar que los asesinos salgan a la calle sin mostrar arrepentimiento alguno. No podemos asistir impasibles a manipulaciones mediáticas destinadas a cambiar nuestra historia mediante presiones y mentiras. No podemos mirar como si nada pasara ante el constante enaltecimiento de los asesinos de ETA. Es indecente e intolerable que se subvencionen con dinero público eventos donde se exhiben camisetas y pancartas de presos etarras frente a la mirada de escolares. No es libertad de expresión; es la exaltación de la violencia más cruel.

La sociedad española no puede quedarse de brazos cruzados ante este espectáculo denigrante. No se puede «normalizar» el mal. La memoria, la dignidad y la justicia exigen que se depuren responsabilidades legales contra quienes organizan y permiten que los niños sean los portavoces de la barbarie. Una lengua no puede ser la excusa para envenenar el alma de los más pequeños.

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