ARACELI MARTINEZHay que ver que piel más fina tienen algunas personas y que sensibles son a la crítica y a escuchar planteamientos diferentes. Lo que marca la diferencia entre personas que son capaces de sacar adelante sus proyectos durante largo tiempo o fracasar, reside en muchas ocasiones en su capacidad para gestionar las críticas. Si somos capaces de escuchar lo que los otros piensan aunque no nos guste lo que oímos, saldremos más reforzados. Hacer autocritica y reflexionar sobre si debemos o no cambiar algo de nuestro posicionamiento, opinión o actitud es muy sano. Las opiniones diferentes son como las verduras, son difíciles de tomarlas y digerirlas, pero son una fuente saludable una vez asimiladas. Creo que el motivo de que las críticas nos afecten de tal manera es, al fin y al cabo, simple: se trata de un problema de inseguridad.

Ayer, a través de Twitter, esa herramienta que te permite expresar tu opinión libremente, pude reflejar mi opinión de la ideología de género a través de unos comentarios en la que estaba etiquetada y hacía mención al instituto de la mujer de la región y a Araceli Martínez, su directora. En ellos expresaba que este instituto  ha destinado 35 millones de € en 5 años. Y que contó con un presupuesto para 2018 de más de 18 M. de €. También comentaba que estas  leyes de “género” no quieren acabar con la violencia contra las mujeres, que va en aumento, que lo que verdaderamente pretenden es defender sus premisas ideológicas y seguir viviendo de las subvenciones de los lobbys de género. Que son contrarias al derecho a la igualdad y a la presunción de inocencia, la independencia judicial y promulga las subvenciones millonarias a asociaciones que fomentan el feminismo supremacista y las imposiciones ideológicas de la izquierda. Que no protegen por igual a ancianos, hombres, mujeres y niños y que quieren fortalecer los organismos feministas radicales subvencionados, y no facilitan la persecución efectiva de denuncias falsas. Que discriminan al hombre respecto de la Mujer y convierten a los hombres, por el mero hecho de serlos, en potenciales delincuentes. Que no solucionan el problema sino que lo aumenta, las estadísticas y los datos objetivos lo confirman; por lo que es necesario un cambio de paradigma en el enfoque de la lucha contra la violencia más allá de la criminalización de un sexo frente a otro.

La respuesta de la máxima mandataria de este instituto en Castilla la Mancha fue bloquearme. No le gusta que discrepen en este asunto. No le gusta oír otras voces diferentes de las que su ideología partidista y sus conveniencias personales les marca. Y claro tendrá que oírlas, aunque no le guste, porque si no se estaría engañando a ella misma y a miles de hombre y mujeres  castellano manchegos.

El objetivo final de esta ideología de género -a diferencia del movimiento feminista- no es acabar con el privilegio de los hombres-varones sino con la distinción de sexos misma. En el fondo creen  que la maternidad es el principal motivo de esclavitud para la mujer frente al varón.  Urge la derogación ley de violencia de género y de toda norma que discrimine a un sexo. En su lugar, sería conveniente proyectar una ley de violencia intrafamiliar que proteja por igual a ancianos, hombres, mujeres y niños; que suprima esos organismos feministas radicales subvencionados; que persiga de una forma efectiva las denuncias falsas y que proteja al menor en los procesos de divorcio.

Si la Ley Integral de Violencia de Género es tan buena, ¿por qué cada vez hay más denuncias?  Sin desproteger a las mujeres hay que extender la protección a todas las víctimas. No hay que distinguir entre víctimas, ni por su sexo, ni por cualquier otra condición. Estas leyes son un fracaso, las denuncias aumentan, y ese aumento solo beneficia a las asociaciones feministas, que han montado un muy lucrativo chiringuito no solo en Andalucía, si no en muchas otras comunidades de España. Según documentos oficiales del Instituto de la Mujer de la Junta de Andalucía, en la región hay unas 2.200 asociaciones y 55 federaciones feministas. El Instituto Andaluz de la Mujer, dotado con 43 millones de euros, destina a salarios y gastos corrientes el 50% de su presupuesto, a lo que hay que sumarle un 2% de “inversiones reales. La directora del Instituto gana 5.000 euros al mes. En dietas de transporte gastan tres veces más que lo que gasta el español medio. El total del dinero destinado a la atención de las víctimas es de 1.205.766 euros; es decir, poco más del 2.8% del total, en el mejor de los casos (puede suponerse que en realidad es de un 2,2%). Lo que hay en Andalucía es un enorme negocio del que viven y se lucran numerosas asociaciones que aspiran a imponer un determinado modelo ideológico a la sociedad en su conjunto. ¿Estará ocurriendo lo mismo con el instituto de la mujer aquí en Castilla la Mancha?

A partir de mañana, comentan algunos medios, estas asociaciones de mujeres comenzarán a movilizarse para “plantar cara a la ultraderecha, a su mensaje relativista sobre la gravedad de la violencia machista, a su discurso criminalizador hacia el movimiento y al riesgo de que, en plena competición por el espacio electoral en la derecha, se empiece a desandar el camino recorrido.” Estas redes de asociaciones de mujeres han decidido “pasar a la acción frente a Vox y también frente a las cesiones del PP y de Ciudadanos por permitir en Andalucía un gobierno apoyado por el extremismo y el autoritarismo”.

No me extraña que quieran frenar a Vox, lo entiendo, hemos venido a acabar con estas leyes tan injustas, tan inútiles, tan contrarias a la igualdad, tan beligerantes. Hemos venido a poner fin a todo este negocio de género y a este mal uso de nuestro dinero público. ¡No me extraña!

 

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