LAS GAFAS VIOLETAS Y LA MIOPÍA IDEOLÓGICA

Dice Juan Soto Ivars en su ensayo «Esto no existe» (2025) que cuando uno se pone las gafas violetas para intentar descubrir las desigualdades entre hombre y mujeres es como cuando Valle-Inclan se iba al callejón del Gato a mirarse a los espejos cóncavos.

El autor argumenta que, cuando estas «gafas» se vuelven obligatorias o extremistas, terminan por distorsionar la visión de la justicia y los hechos. Según su tesis, esta mirada impide ver a los hombres como posibles víctimas de denuncias falsas o abusos procesales, al considerar que el sistema siempre debe priorizar la perspectiva de género sobre la presunción de inocencia. Sostiene que las instituciones tienen una ceguera institucional porque se han puesto estas gafas de forma tan rígida que se niegan a investigar los fallos del sistema por miedo a ser tachadas de machistas.

No puedo estar más de acuerdo con las conclusiones de Soto sobre esta “ideología bastarda” que se ha convertido en la voz institucional y mediática que trata de unir a la mujer como una tribu contra el hombre, contra su enemigo. Y como dice Soto como “una narrativa de género que ha cautivado un pánico social para apagar su sentido crítico con el señuelo de que las están protegiendo y de que quien cuestiona esa narrativa pretende hacerles daño.” Un discurso morado que ha secuestrado hasta los colegios e institutos de enseñanza secundaria, que lucen estos días previos al 8M sus paredes de color morado con el trabajo de esos profesores con gafas moradas, pero que no cuentan a sus alumnos que se destina un dineral a estas políticas de igualdad que se reparten entre los profesionales de este activismo ideológico y a todas estas factorías de la narrativa de género que ocultan la realidad de lo que ocurre y que tristemente no hace descender las violaciones ni las muertes, ni tan siquiera el maltrato.

El autor ha recibido amenazas y ha necesitado protección policial, generando un fuerte debate social al desmontar la «narrativa de género» y visibilizar efectos secundarios de la ley. Aunque reconoce la necesidad de proteger a las mujeres, Soto Ivars sostiene que el mecanismo se emplea indebidamente en ocasiones, generando desprotección judicial en varones. El libro, que lo aconsejo encarecidamente, es una obra que busca la igualdad real y la visibilización de todas las víctimas; es un ensayo de investigación sobre las denuncias falsas en el marco de la Ley de Violencia de Género en España. Crítica al sistema VioGén y analiza cómo el sistema de protección puede ser utilizado de forma instrumental, equiparando a veces conflictos menores con delitos graves, lo que acaba desprotegiendo a las víctimas reales. El libro es una fuente de testimonios de hombres que han sido procesados por denuncias que resultaron ser falsas y que son utilizadas como armas arrojadizas e interesadas; describiendo el proceso como una «muerte civil» que los separa de sus hijos y arruina su reputación.

Hay un capítulo en el comienzo de la segunda parte del libro que he de confesarles que ha pesar de que era consciente y conocedor de ello desde hace uno años que profundicé en este asunto, aún a día de hoy me deja, -como dirían mis alumnos- «to’ pillao»; atrapado y enganchadísimo sería la traducción. Es el tema del “incentivo perverso” que llama Soto. En él se pregunta el autor ¿Qué interés podría tener una mujer que no es víctima en ser considerada como tal? De entrada, nos dice, “la mera presentación de una denuncia suele permitir la expulsión inmediata del hombre del domicilio familiar. Si se presenta en un proceso de divorcio, el caso pasa de los juzgados de familia (civiles) a los juzgados de violencia sobre la mujer (penales), lo que inclina la balanza a favor de la mujer, le garantiza la guardia y custodia de los hijos y el uso del hogar conyugal y suprime de facto cualquier capacidad negociadora del hombre en la separación. El Constitucional sentenció que basta la denuncia para impedir la custodia compartida al padre”.

Esta medida cautelar, nos sigue diciendo Soto “tiene otra consecuencia sobre el futuro de la custodia, puesto que el tiempo transcurrido durante los trámites judiciales, mientras el menor está con la madre y el padre trata de demostrar su inocencia, se utiliza después como prueba de mayor «arraigo» en favor de ella y para alegar que el vínculo entre el niño y el padre es débil. Pero hay más. “Una denunciante adquiere por automatismo burocrático el derecho a una asistencia especializada integral y justicia gratuita, con abogados de oficio formados en este terreno, con independencia de su nivel de renta y validez para todo el proceso incluidos recursos y apelaciones. Y además “recibirá también una renta de inserción prorrogable de cuatrocientos euros como mínimo, una ayuda de pago único si cambia de residencia y acceso a la pensión de jubilación anticipada y a la prestación por desempleo, incluso aunque extinga su contrato voluntariamente. Si es autónoma, podrá suspender su cotización a la Seguridad Social durante seis meses, y en caso de estar desempleada tendrá ayudas económicas específicas, itinerarios personalizados de inserción sociolaboral, acceso a un programa formativo específico y matrícula gratuita en la UNED y otras universidades. Existen incentivos para las empresas, como bonificaciones fiscales, cuando contraten a mujeres que denuncian maltrato, les ofrezcan movilidad geográfica o compensen las diferencias salariales. Sus hijos tendrán matrícula gratuita en la universidad, entre otras ayudas”. Respecto del alojamiento -sigue detallando el autor-, “las víctimas tienen prioridad en el mercado de viviendas protegidas y en las plazas en residencias geriátricas públicas, además de la posibilidad de suspender un lanzamiento hipotecario por impago sobre su domicilio habitual, acceso al Fondo Social de Viviendas en Alquiler y la consideración de «sector preferente» para recibir ayudas del Plan Estatal de Acceso a la Vivienda”.

Esto, respecto a las españolas, nos dice Soto, “si son extranjeras, se regulariza su situación de residencia en España y se bloquea el proceso de extradición, incluso en caso de delito grave, además de recibir un permiso excepcional de trabajo. Hasta tal punto hay ventajas para mujeres en proceso migratorio, que han caído varias redes mafiosas dedicadas a la simulación de delitos de violencia de género para regularizar a inmigrantes. No una ni dos sino muchas y desde hace muchos años”.

El libro además de ser todo un ejemplo de investigación profunda es un acto de valentía, porque este tema es tabú a día de hoy y como le dijeron algunos amigos a Juan Soto no conviene escribir sobre ello, pero afortunadamente hay personas que les gusta nadar valientemente contra corriente en búsqueda de la verdad y como dice soto: “No se hace daño diciendo la verdad, sino callando”.

CURIOSAS COINCIDENCIAS

No me digan que no es sorprendente y paradójico la muerte de Tejero el mismo día que el Gobierno desclasifica los documentos del 23-F y cuando toda España está hablando de lo que ocurrió el 23 de febrero de 1981. Siempre me han parecido curiosas estas coincidencias sincrónicas, sin conexión causal aparente pero que ocurren simultáneamente desafiando toda lógica.

Tenía solo 13 años cuando todas las máquinas de escribir se pararon de golpe en la Academia de taquigrafía y mecanografía de Tere y Ángel, aquí en Guadalajara, en la Travesía de Santo Domingo. Aprendí a escribir a máquina y en taquigrafía tempranamente, en esta academia al uso, al estilo tradicional y a base de repetir columnas y filas de letras colocadas en el teclado: asdfgh-ñlkjh poiuy-qwerty mnbv-zxcvb se impresionaban sobre el papel presionando una a una las teclas contiguas en una determinada fila de la máquina. Y así una y otra vez, fila por fila del teclado de aquellas viejas máquinas Hispano Olivetti Studio 46 que habían comprado Angel y Tere con mucho esfuerzo.

Siempre me apasionó escribir en aquellas máquinas de otro tiempo en las que tenías que pulsar con fuerza para que quedase marcado en aquellos folios que quedaban marcados de letras y que luego iban directos a la papelera. ¿Y la Taquigrafía?, algunos no sabréis ni que es esto. La taquigrafía es un método de escritura que se basa en el uso de símbolos para escribir tan rápido como se habla. Este sistema se utilizó por muchos años para tomar notas de discursos y entrevistas. Se dice que la taquigrafía es tan antigua como las primeras civilizaciones que contaban con un idioma formalmente establecido por la necesidad de anotar discursos y debates y que llevaron a buscar métodos para poder registrar cada palabra sin perder la esencia del discurso, es así que se crearon sistemas con signos más sencillos para escribir tan rápido como el habla. Su nombre viene de dos vocablos griegos que son taxos (rapidez) y grafos (escritura), esta técnica se conoció por primera vez durante la época del historiador griego Jenofonte para transcribir la vida de Sócrates recopilada por tradición oral. Fue utilizada por los fenicios y por los romanos desde la época de Cicerón.

Y volviendo al 23 de febrero de 1981. Aún recuerdo como Tere, la profesora, no dijo, con vox sería y asustada, justo a las 18.35 h.: “paren ustedes de escribir, recojan sus abrigos, y vayan a sus casas directamente sin parar a hablar con nadie”. No podré olvidar aquel instante, ni por supuesto cuando llegué a casa y pregunté qué había ocurrido. 45 años después el Gobierno de Sánchez ha decidido desclasificar los documentos secretos de la intentona golpista del 23F, 45 años después del asalto de Antonio Tejero y los suyos al Congreso de los Diputados para según dice el presidente “saldar así una deuda histórica con la ciudadanía”. El Gobierno cree que la difusión de estos documentos, que estaban en poder de los ministerios de Defensa, Interior y Asuntos Exteriores y que ya puedan ser consultados libremente en la web de la Moncloa desde ayer; ya no suponen «un riesgo real y presente» y ha decidido publicarlos porque mantenerlos secretos bajo una ley franquista supone una «anomalía democrática» y, en palabras del jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, «la memoria no puede estar bajo llave».

Sánchez nos tiene acostumbrados ya a este tipo de cortinas de humo que enmascaran la realidad y el futuro judicial que vive él y los suyos. Esta durará unos días y luego vendrá otra y luego otra y luego otra; son estrategias de corto recorrido para adormecer, despistarnos y tapar su cruda verdad. En esta ocasión no les ha salido bien porque consideraban que iba a ser una medida contra el Rey y contra la Transición y le ha salido el tiro por la culata, pues no queda acreditado que el Rey Juan Carlos formó parte del golpe.

Esta des clasificación selectiva a conveniencia y sugerida por Sánchez no nos sirve de nada a los españoles; lo que realmente queremos que desclasifique es los viajes en Falcon a la República Dominicana, o su relación de sumisión con Marruecos tras el Pegasus, o sobre qué ocurrió con el apagón, o sobre el asunto Plus Ultra, o las pruebas del accidente en Adamuz que se llevó de madrugada y sin autorización judicial, o lo del asunto Ábalos y Koldo, o lo de su hermano, o lo del pasaporte de su mujer; y tantos y tantos asuntos que serían interesantes para los españoles desclasificar.

LOS BOOMERS, SUS HIJOS Y SU DESTINO.

Acabo de terminar de leer el libro «Los hijos de los boomers», de Estefanía Molina en el que analiza la situación actual de la juventud en España, donde el pasotismo ante los problemas como la vivienda, los salarios y la precariedad se vuelve insostenible.

Es todo un manifiesto que nos habla de la desigualdad entre generaciones y la frustración de los jóvenes. La autora insiste en el libro que los políticos españoles y sus partidos no se atreven a afrontar este problema y que carecen de visión y les falta horizonte para hacerlo porque pareciese que “gobernar se haya convertido en gestionar ciclos cortos sin miras al futuro”. Vivimos tiempos de ruido y polarización política y olvidamos lo esencial; que solo se puede analizar con la debida serenidad, y ahora no la hay para traer a la escena y al debate político esas reformas valientes que darían una respuesta a este grave problema intergeneracional. Estefanía nos advierte de que si no se toman medidas, esta generación de los hijos de los boomers podrían ser cada vez más antisistemas y podría poner en riesgo las conquistas políticas y el estado del bienestar que se han logrado hasta ahora.

Sin ningún género de duda el libro te hace reflexionar y repensar las estructuras sociales y políticas que han llevado a esta situación, y a considerar qué cambios son necesarios para construir un futuro más equitativo. Es una llamada de atención a lo que puede ocurrir en un futuro no muy lejano debido a que ese modelo de bienestar de los años 80 y 90 ha desaparecido para los jóvenes actuales, quienes sufren salarios míseros y falta de acceso a la vivienda.

Molina nos dice en las primeras páginas de su libro que “se ha condenado a una generación entera a vivir de la buena voluntad de sus padres y, probablemente, de la dependencia del Estado cuando sean mayores, es una una generación con una profunda frustración, una generación perdida”. En el libro, también nos recuerda que la generación de sus padres logró prosperar confiando en la idea de «la cultura del esfuerzo como forma de progreso». Cuando dejas de creer en ese modelo del esfuerzo para mejorar tu vida, en el que a mi también me educaron mis padres, pierdes no solo la confianza y la autoestima, también el motor de vida.

Vivimos momentos, como dice la autora, en el que se ha generado tal necesidad de que los padres maquillen las miserias de sus hijos que se les ha hecho individuos dependientes, poco autónomos y muy dependientes emocional y económicamente de los padres. Necesitan de ellos para vivir, para solucionar sus problemas y para secar sus continuas lágrimas, debilidades y frustraciones. Ellos han vivido en hogares en los que no faltaba de nada y en el que sus padres atendían todas sus necesidades sin pedir nada a cambio en un profundo acto de solidaridad. Vivieron y viven en un pesebre del que no quieren salir.

Creo que a medida que el problema y ese sentimiento de hastío vaya creciendo y se vaya extendiendo por todos los jóvenes, van a aumentar las ganas de romper con este sistema establecido y los partidos de la motosierra se aprovecharán de ello al saber capitalizar este descontento, aunque luego no aporten soluciones reales, como ocurrió con “el asalto a los cielos” del que hablaba Pablo Iglesias en 2015.

Hay mucho en juego y como dice la autora del libro, si los baby boomers y los partidos del sistema fueran conscientes de lo que está en juego correrían a poner soluciones y a construir un pacto generacional antes de que llegue un día donde el malestar haya crecido tanto que la batalla sea inevitable. El modelo de esforzarse aún vale la pena para ser dueño de tu destino.

IKER JIMÉNEZ Y EL GALGO DE PAIPORTA

La viñeta del valiente y mago del humor gráfico de prensa Puebla que le ha dedicado a Iker Jiménez y a Carmen Porter, en relación al señalamiento que Pedro Sánchez le hizo en la sesión de control en el Congreso y a su programa Horizonte al responder a la bancada del PP afirmando que es “un foco de bulos, un patrón desinformación y de generar odio” es toda una defensa, además de a un amigo, al periodismo libre sin censuras ni chantajes.

Puebla elaboró esta viñeta jugando con el lenguaje científico. En ella, Iker dice: «Les dirán que es un bulo… pero he visto un Canis Lupus familiaris», a lo que Carmen responde con humor: «Sí, Iker… es un galgo». Esta broma visual hace referencia tanto a la pasión de Iker por el lobo como a las polémicas recientes sobre desinformación y el «Galgo de Paiporta».

He de confesarles que no se si me gusta más el Iker que apuesta por la defensa, la divulgación y la fascinación del el Canis lupus y por la figura de Felix Rodríguez de la Fuente, al que considera el «último héroe» y un maestro que cambió la conciencia de España, siendo no solo un referente televisivo, sino una figura casi espiritual y un visionario que se adelantó décadas a conceptos como la ecología moderna e incluso a la estructura de Internet; o al iker que hace frente a todo un presidente de España y que sostiene valientemente una visión crítica y defensiva sobre la libertad de prensa, centrada en la independencia del comunicador y el combate contra lo que él denomina la «sedación» del periodismo convencional.

La respuesta de Iker tampoco se queda atrás con esa invitación formal al retar a Sánchez a acudir al plató sin textos ni guiones para debatir sobre bulos y comunicación. Iker sugirió al presidente que «a lo mejor no le están asesorando bien» al señalar públicamente a un periodista desde la tribuna del Congreso por el mero hecho de informar desde la independencia y libertad. Hoy todo el periodismo español debería salir a defender a Iker y por supuesto el oficio; reivindicando que su labor se basa en la “libertad y la investigación» y que resulta sorprendente que un jefe de Gobierno personalice ataques contra un comunicador de esa manera.

Para Iker hay que comunicar sin miedo, “la verdadera libertad de prensa es incompatible con el temor”. Ha afirmado recientemente que «no se puede comunicar bien si se tiene miedo», señalando que en España existe una «cobardía» generalizada que impide hablar con total franqueza. Hay que ser independientes, críticos y valientes frente al poder. La influencia política en los medios es muy grande y peligrosa si accedemos cobardemente a actitudes censoras por parte de las instituciones hacia los periodistas.

Me gusta mucho ese Iker que reivindica sus inicios como periodista de investigación, defendiendo una metodología que no se quede en la superficie. Él cree que el periodismo actual ha perdido su capacidad de ser un prescriptor de la realidad al volverse demasiado previsible y abducido, no por extraterrestres sino por la clase política, que también tienen un poco de extraterrestres. Iker defiende el uso de plataformas digitales y redes sociales como espacios de resistencia frente a lo que percibe como «censura soft» o limitaciones de las grandes cadenas. Considera que, en el contexto actual, «hablar en libertad va a ser oro». Es crítico con la manipulación informativa y esos ataques cobardes coordinados en redes, haciéndonos sentir a los que las sufrimos en ocasiones estos ataque cobardes, una situación de «indefensión» ante las críticas que se recibe por salirse del discurso oficial.

Periodistas y no periodistas deberíamos agradecer la defensa de esa filosofía periodística y de vida que practica Iker y Carmen, basada en el periodismo y en la crítica y en el derecho a ser un ciudadano libre; y sobre todo en la responsabilidad del comunicador de buscar la verdad por encima de los intereses editoriales o presiones externas.

EL GRAN DESPILFARRO TAMBIÉN EN ARAGÓN

Volvemos este domingo a tener un día electoral, pareciese que nunca hubiésemos dejado de estarlo ni vayamos a dejar de estar. Los partidos políticos siempre están en campaña y han conseguido, por desgracia, trasladarnos las emociones de esa situación y los consiguientes sinsabores de esa cruel batalla abierta por conseguir vendernos sus productos sensacionalistas en las redes sociales y para ocupar el mayor tiempo posible las primeras páginas e inicios de informativos; y también para convertir, en “virales” y titulares las declaraciones de sus candidatos; con mucha frecuencia cargados con información de dudosa veracidad en forma de medias verdades diseñadas por fichajes especialistas nada baratos y por propagandistas expertos en marketing electoral y en todas esas técnicas y estrategias utilizadas para buscar influir en el electorado y maximizar votos.

Estas campañas me recuerdan la película de 1985 «El gran despilfarro», donde el protagonista, interpretado por Richard Pryor, debe gastar una gran suma de dinero en poco tiempo para heredar una fortuna mayor, y decide para ello financiar una campaña política con el eslogan: “¡A ninguno de los anteriores!” en relación al voto y a que ni a él mismo se votaría. Esta sátira política representa la frustración y el hastío del votante y la falta de confianza en las opciones políticas existentes, proponiendo una alternativa de voto en blanco o protesta activa.

Estamos en el esprint final de las elecciones en Aragón y casi todos los datos demoscópicos coinciden en que el bloque de derecha crecerá con mucha fuerza por el impulso de Vox, mientras que el PSOE de Pilar Alegría podrá vivir la noche más triste porque posiblemente se asomará al abismo con mínimos históricos. La batalla entre PP y Vox está muy latente porque se están jugando algún diputado clave para tener más fuerza en las futuras negociaciones por el poder y para tener más libertad de movimientos. Mientras hoy mantienen esa guerra fría echándose en cara que unos son bipartidismo e iguales que los socialistas y los otros que no tienen experiencia de gobierno ni la quieren tener, mañana pactarán para conseguir sus cuotas de poder y de dinero. Así de incongruente y de contradictorios son.

Esta vorágine de campañas en la que estamos metidos me recuerda mucho al «tren de borrascas» que pasa estos días por España y esta sucesión de temporales múltiples que nos traen riesgos de crecidas en ríos y arroyos. Estamos asistiendo a campañas devastadoras, muy simples, vulgares, ramplonas y con falta de ideas y propuestas concretas por parte de los diversos partidos; campañas con un alto nivel de concreción nacional más que regional, campañas con los tópicos, trivialidades y estereotipos de siempre. Campañas que las pagamos nosotros, hasta que algún día algún partido realmente apueste por regenerar nuestra Democracia y elimine la financiación pública de los partidos políticos para las elecciones y destine esos recursos para atender las necesidades más urgentes, como la salud, la educación, las infraestructuras y la vivienda. Subsidiar a los partidos políticos con dinero público debilita la democracia y genera rechazo hacia el sistema político y sus instituciones.

Mientras lleguen ese tipo de partidos y de fórmulas regeneradoras, yo, como el protagonista de «El gran despilfarro» no votaré ¡a ninguno de los anteriores!

INTOLERANCIA PURA Y DURA

He de confesarles que no me ha pillado por sorpresa ni la renuncia ni el motivo de David Uclés a participar en unas jornadas sobre la Guerra Civil española que se iban a celebrar a principios de febrero en Sevilla. La razón era que el programa contemplaba ponencias del expresidente José María Aznar y de uno de los fundadores de Vox, Iván Espinosa de los Monteros.

España es un país bastante polarizado ideológicamente y esta tendencia ha aumentado en los últimos años. El problema de la polarización no es solo el extremismo sino el alineamiento progresivo de la población en torno a diferentes grupos e identidades excluyentes entre sí. Yo lo viví y sufrí en mis propias carnes en mi época como Portavoz-Concejal por Vox en el Ayuntamiento de Guadalajara.

El sectarismo y la polarización es uno de los grandes dramas de nuestra sociedad. Es una demostración de intolerancia. El ejemplo más llamativo de este sectarismo e intolerancia que les puedo contar sufrido en primera persona es el de una invitación para una entrevista en el programa de radio “Briandando” de Radio Arrebato para analizar mis dos años de experiencia en la política local. En dicho programa, dirigido por el periodista guadalajareño Álvaro Nuño, intervenían habitualmente los colaboradores Blanca Calvo, cuyo nombre lleva la Biblioteca Pública de Guadalajara y Alejandro Moreno, de Abriendo Fronteras. Ese día se negaron a participar los dos en el programa por mi asistencia a él, por la presencia del representante del Grupo Vox en el Ayuntamiento de Guadalajara. Por lo visto lo de sentarse con gentes de otras ideas y otras sensibilidades no lo llevaban muy bien.

Este asunto no es solo un tema de intolerancia pura y dura, sino que también es un fenómeno muy presente en distintos contextos e ideologías políticas que deriva hacia un narcisismo moral. Esa superioridad moral y esa creencia o actitud de que las ideas, valores y acciones de tu bando, de tu partido político están intrínsecamente por encima de los de tus adversarios está muy arraigado entre muchos políticos y hace más difícil la convivencia política. Ese escenario sectario y ese dogmatismo enfermizo crea y alimenta la polarización afectiva, en la que no solo se rechazan las posturas contrarias, sino que se desprecia a quienes las defienden. La política necesita de ideales firmes y principios éticos claros, pero no puede caer en la imposición de tu dogma moral. Defender valores, ideas y principios es legítimo y necesario, siempre que no implique negar la legitimidad del que piensa distinto.

Pérez-Reverte llamó «sectario» e «ignorante» a Uclés por su renuncia a participar en estas jornadas sobre la Guerra Civil. Para mí, este tipo de personas y de pensamientos son una especie de racismo ideológico y moral que generan una alta fragmentación social con su actitud de amigo-enemigo y con la demonización del adversario, que no desencadenan en otra cosa que en la confrontación en niveles muy elevados y que por tanto dificulta llegar a acuerdos buenos para la sociedad.

Estudié en el Brianda de Mendoza y fuí alumno del profesor y poeta Fernando Borlán, ideólogo de esa emisora en el propio instituto para poder radiar programas diariamente. Ese día que asistí al programa junto a Álvaro, en esa habitación convertida en radio, no dábamos crédito a la ausencia de los dos contertulios habituales; me acordé mucho de la tolerancia, de la moderación y de la transigencia con las que nos educaba Borlán en sus clases de Lengua y Literatura. Esa tarde-noche fue todo un acto de sectarismo, de cobardía y por supuesto de polarización, como el de Uclés.

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