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A veces insistimos demasiado en luchar por lo que al final es inevitable. No soy demasiado dado a darme por vencido, soy más de insistir y persistir, pero he de deciros que en ciertas ocasiones es mejor rendirte y decir  basta ya. Hay ocasiones en las que para poder continuar con tus sueños tienes que desprenderte de algo o de alguien querido y deseado. Nada ni nadie puede frenar tus sueños,  ni por supuesto hacerte renunciar a tu esencia.

Cuando llega ese momento no hay que dudarlo ni un minuto; hay que tomar la decisión de abandonar, de coger la salida y tomar en dirección contraria a aquella puerta que se abrió cuando no la esperabas. Sí, es triste pero es lo mejor que puedes hacer ante lo inevitable.

Cogiste mi vida y quisiste darle la vuelta completamente, arañándome poco a poco mi libertad, mi espacio, mi esencia, mi justificación para levantarme por las mañanas, para vivir, para crecer, para ser: mi razón de vida, mi sueño. Me acaparabas y me absorbías día a día toda mi energía hasta convertir nuestra relación en una fuente de tus propios intereses.

Hubiese renunciado a todo lo que quería ser y emprender; pero hubiese sido el error más grande que jamás hubiese cometido. No puede ser solo contigo, solo para ti y tus circunstancias; no puede ser totalmente para ti y vivir bajo tu paradigma de relación.

Ahora estoy cansado, decepcionado y cogiendo fuerzas para ir volando a la cima, todavía me quedan ganas y día a día voy dándome cuenta de lo profundamente egoísta que has sido conmigo y lo atrozmente despiadada que has sido en tu adiós. Me pusiste un plazo para tomar la puerta de salida en el peor momento y circunstancias en las que vivía. Me recordabas cada noche esa fecha límite, como un verdugo anuncia día a día a su condenado el tiempo que le resta para su ejecución.

En ese afán torturador me anunciabas cada mañana las posibilidades de escapatoria que tenía y por si ese martirio fuera poco, me anunciabas cada noche que no veías movimiento para tomar la salida, desconociendo que todo se desencadenaría fugaz y expresamente en cuanto las condiciones fueran las adecuadas. ¿Se puede tratar con más crueldad a una persona?

Sí, si se puede, despreciándole cualquier oportunidad y posibilidad de recuperar aquellas cosas que dejó atrás en esa partida, en esa evasión, en esa fuga hacia la libertad.

Yo no quise vivir al servicio completo y exclusivo de ti y eso día a día iba minando nuestra relación. Siempre he considerado que una cosa es hacer feliz a alguien y otra ceder toda tu vida ante todos los deseos y forma de vida de ese alguien. Hubiese perdido mi identidad, mi esencia; hubiese dejado de ser yo mismo. No es bueno pretender que tu pareja sea un satélite que gire siempre en torno a ti. Los sueños de cada uno no tienen que ser los mismos que sigas tú.

Siempre hay una salida para todo. No lo olvides. Tómala si hace falta, aunque al inicio entraras con mucha ilusión. El amor verdadero es la única riqueza que no se compra, no se vende. Se regala a quien lo merece y se quita a quien no lo valora.

No dejes que acaparen tu vida. No permitas que monopolicen, centralicen tu vida y dominen tus situaciones como lo hace una niña caprichosa a la que sus padres le consienten y permiten todo. Estas niñas malcriadas tienen muy mal carácter y son muy impulsivas, rencorosas y orgullosas si se frustran, porque para ellas conseguir algo que quieren es la mayor de las satisfacciones, aunque dure poco el interés.

Hoy, mientras escribo este capítulo de mi vida, escucho en la radio la canción “Disparos al aire” de Dani Fernández. Preciosa canción para poner fin a esta parte de mi vida. Hasta siempre amor.

 

 

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