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Es curioso como en la adolescencia las redes neuronales se hacen más complejas. El cerebro da un salto madurativo vertiginoso y todo empieza a funcionar con unas posibilidades increíbles, que antes no se podían ejercer. Las capacidades intelectuales se vuelven más profundas. Es como si pasáramos de conducir un coche normal a pilotar un fórmula 1. Lo que pasa es que en numerosas situaciones, la preparación del piloto y sus exigencias, no están acordes a las prestaciones del nuevo bólido. Y esto puede ser catastrófico, más aún en este nuevo mundo en el que todo cambia a mucha velocidad.

En muchos casos la preparación de este piloto, su pensamiento, ha sido formado por los medios de comunicación, por programas y anuncios poco adecuados y han vivido hipnotizados por contenidos muy virtuales. Los jóvenes de ahora teclean y ven la tele en vez de leer. Microsoft tendría aquí un gran campo de actuación comercial, como asesor personal educativo. ¿O tal vez este asesoramiento, esta transformación nos corresponda iniciarla a los profesionales de la educación? ¿Estamos preparados para esa transformación?

Respecto a la tele, creo que la delgada línea roja que hay entre la programación televisiva protegida y no protegida, entre la infantil y la no infantil y todos esos eufemismos que se emplean, es tan inexistente que apenas hay diferencia entre los contenidos emitidos. Hay un vacio tremendo de contenidos infantiles y juveniles en las horas, en los que estos ven la televisión o sus padres deciden a modo de guardería que la vean. Tan culpables son los que utilizan este medio como niñera, como los que permiten este incumplimiento tan evidente del código de autorregulación infantil de contenidos televisivos audiovisuales, así como las distintas cadenas que se mueven con esa impunidad, los crean y los emiten.

¿Para cuándo una verdadera programación infantil y juvenil en horario infantil y juvenil? ¿Para cuándo una nueva fórmula de intervención, para controlar las demasiadas cosas poco racionales que se hacen en televisión?

Es más que evidente que el modelo de autocontrol de los contenidos audiovisuales no ha funcionado. La indiferencia por hacer cumplir el código establecido en la ley General de comunicación audiovisual del 7/2.010 del 31 de Marzo es palpable y demostrable. Los estudios realizados hablan de…

…Bueno, mejor os lo cuento después de acercaros la mejor pregunta de la semana:

¿Qué frase pondrías en el epitafio de tu lápida?

…Y regresando al tema del control televisivo, estos estudios hablan de un incumplimiento de más de 6 veces al día en horario infantil. Esto indica una elevada vulneración de los principios básicos de nuestros menores y un elevado número de contenidos perjudiciales para la información. Habrá que dejarse de estos eufemismos y hacer del horario infantil eso, un espacio infantil, una escuela alternativa que distraiga, que fomente y estimule el aprendizaje, que entretenga y a la vez eduque y por supuesto, habrá que exigir de una forma real su cumplimiento, un código profesional y un consejo independiente que regule estos contenidos y que ejecute las sanciones correspondientes. La sociedad civil hemos de pedir protagonismo en este consejo, en su formación, en su creación, en su nombramiento, en el proceso sancionador y evaluador.

Volviendo a la siniestra pregunta de esta semana; uno de los epitafios que más me gusta es el que escribió Max Aub para su tumba. Son unas pocas palabras, pero de una humildad y de una grandeza verdaderamente llamativa: “Hice lo que pude”.

Cuando me encuentro con ex alumnos, suelo hacerles dos preguntas: ¿A qué te dedicas? y ¿Qué recuerdas de mis clases? En el fondo intento averiguar si lo que hice, lo que sigo haciendo, tuvo, tiene un sentido. Todos necesitamos sentir que lo que hacemos sirve para algo, necesitamos sentir que progresamos, necesitamos del sentimiento de éxito y de reconocimiento.

Os podríais sorprender las cosas que recuerdan. Muchos coinciden en mencionar, más que los contenidos de la asignatura, los mensajes y curiosidades- en forma de pequeñas narraciones- que de vez en cuando les acerco, con el objetivo de hacerles reflexionar.

Hoy me recordaban la historia de las cuatro ranas que iban encima de un tronco que viajaba por el río, las cuatro pensativas, comenzaron una conversación profunda, la primera dijo, “nos movemos porque el tronco se mueve”. La segunda replicó “no es el tronco el que se mueve sino la corriente del río la que hace que nos desplacemos”. La tercera rana puntualizó “no es ni el tronco ni el río sino nuestras mentes las que nos presenta la sensación de movimiento”. Las tres ranas entraron en una discusión cada vez más acentuada defendiendo cada una de su postura. La cuarta rana en un momento de sosiego intervino “todas tenéis razón, nos movemos por que el tronco se desplaza en la corriente del río y nuestro cerebro interpreta correctamente esas sensaciones, no hay porqué discutir”. Las otras tres ranas se miraron asombradas y en un momento vertiginoso expulsaron a la cuarta rana continuando con su discusión.

¿Cuál debe ser la finalidad de la Educación? Sin duda uno de los fines ha de ser cuestionar todo, para lo cual hay que tener una visión global y no cerrarnos en nuestra idea y forma de ver las cosas, aunque esta sea la corriente general. Ayer, en una conferencia en Guadalajara, decía el profesor José Antonio Marina, que “hay que enfocar los problemas desde nuevas y creativas perspectivas y que es fundamental poner bajo tela de juicio el orden establecido, cualidad esta fundamental para una democracia saludable”.

Todo esto parece tan evidente que a veces se nos olvida.

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